[OPINIÓN] Justos por pecadores: a propósito de Figari

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A todos nos ha conmocionado la noticia ventilada en Cuarto Poder, el domingo pasado, acerca de las acusaciones de abusos dirigidas al fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, Luis Fernando Figari. Creo que lo que todos deseamos es que se esclarezca la verdad, no que se instrumentalice. Para ello primero hay que establecer, hasta donde esto es humanamente posible, lo realmente sucedido, los hechos y deslindar responsabilidades. Una vez conocidos los hechos, es preciso contextualizarlos, de forma que no se les otorgue un peso o relevancia desproporcionados, pues no se trata de aprovechar el escándalo para obtener beneficios particulares o caer en la fácil generalización que busca descalificar a quienes no piensan como uno.

A Figari le recomendaríamos dar la cara. La autenticidad de todo lo que de él ha nacido está en juego. Si es inocente, si se trata de una calumnia o de una campaña difamatoria, debe defender su buen nombre. Si, por el contrario, se trata de una triste y dolorosa realidad, debe pedir perdón y reconocerlo humildemente. Esto último, ciertamente no es fácil, pero si tiene la grandeza de ánimo para hacerlo, de alguna forma salva lo salvable, deslinda la belleza de la obra de las miserias del autor. Hay que recordar que el acusado tiene el privilegio de la duda; nadie es culpable hasta que no se pueda probar que lo ha sido. En este sentido los juicios sobre Figari deben ser prudentes.

A los dirigentes del Sodalicio les conviene tener una política de transparencia y apertura: no hay nada que esconder. Hay un proceso en marcha, se está estudiando en los lugares oportunos. Si alguien quiere hacer una denuncia penal, deberían facilitar la información y los documentos del caso. Querer salvar el buen nombre a costa de esconder la verdad ha costado ya muy caro a la Iglesia, y el Papa Francisco ha dejado muy claro que eso no se debe hacer jamás. La Iglesia tiene unas leyes y existen unos instrumentos de justicia, los cuales se deben utilizar, no deben callar por presuntos motivos “pastorales”, debiendo incluso, en este tipo de cuestiones (abuso)  trabajar junto con la autoridad civil. Funcionar de otra forma les quitaría todo viso de credibilidad.

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A los católicos, en general, les recomendaría prudencia. Si no se habían hecho públicas las investigaciones quizá se deba a que no habían concluido o a que se carecía de pruebas contundentes. Hay que esperar el resultado de la investigación antes de dar un veredicto. No hay que olvidar que en otra oportunidad el Vaticano no se ha tocado el corazón para hacer pública una verdad de este tipo, siempre con caridad, es decir con deseos de hacer justicia, de reparar, no de destruir las cosas buenas que muchos han hecho con gran sacrificio y rectitud de intención.

A los hombres de buena voluntad les recomendaría equidad y circunspección. Equidad que lleva a contextualizar la presunta falta. Si efectivamente se dio, la responsabilidad es exclusivamente del infractor y de aquellos que lo hayan encubierto. No tienen por qué meter en el mismo saco a quienes nada tienen que ver, ni han hecho nada semejante, sino todo lo contrario. Una cosa es decir “tal persona es violador” y otra muy distinta “los católicos son violadores” o “los curas son violadores”. Sería tanto como decir “los peruanos son violadores” porque Figari es violador. Claramente la generalización es injusta, y eso es lo que se pide: equidad, deslindar las responsabilidades, no caer en injustas y fáciles generalizaciones que se prestan a la más barata instrumentalización.

En este caso, como acertadamente comentó el entonces Cardenal Ratzinger sobre los “mea culpa” de San Juan Pablo II durante el año 2000, a la confesión de culpa debe ir unida una “confesión de santidad”. Es decir, si sólo pongo el acento en lo oscuro también estoy mintiendo. Sin pretender justificar lo injustificable, flaco favor hago a la verdad si exagero lo primero mientras oculto lo segundo. Un sacerdote abusó de un niño, ¡lamentable y repudiable! pero no hay que olvidar que miles de sacerdotes han ayudado a millones de niños. Un hombre de Iglesia abusó de un menor, ¡terrible! pero no hay que olvidar que es mucho más alto el porcentaje de abusos por parte de profesores y familiares, y no por ello vamos a dejar de ir a la escuela o a eliminar a la familia.

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Segundo comunicado esclarece posición de actual Superior General del Sodalicio, quien consideró como ‘obligación moral’ que Figari se pronuncie respecto a acusaciones.

Posted by Lucidez on jueves, 22 de octubre de 2015