[OPINIÓN] La derecha: hora de salir del clóset

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En más de una ocasión se ha señalado que en el Perú la derecha no tiene principios sino intereses, y eso es muy cierto. La observación, además de exponer en su deshonestidad a varios rincones de nuestra clase política y empresarial, sirve también para mostrar por qué en el Perú la gran mayoría es de derecha pero niega serlo. Ni Fujimori, ni García, ni Kuczynski se reconocen como tales. Vamos, hasta el principal partido de derecha, el PPC, lleva cuarenta años insistiendo con que es un partido de centro. Por algo será.

Y es que ser de derecha puede dar vergüenza muchas veces. Lo sé porque a mí me ha pasado.

Cómo no sonrojarse cuando uno trata de defender la actividad minera, que es vital para el país, si fue bajo gobiernos de este tipo que Yanacocha, Southern Copper y Doe Run hicieron y contaminaron como les dio la gana. Es imposible no tener aunque sea un pequeñito cargo de conciencia cuando las privatizaciones sirvieron no sólo para rescatar al país del abismo sino también para engordar los bolsillos de algunos. Lo que tal vez resulta más alarmante es que, en más de una ocasión, la defensa del modelo de libre mercado se mezcla con el racismo más ramplón: estos cholos no quieren progreso, los indios son unos ignorantes, etc. Lo he escuchado en más de una ocasión.

La verdad es que muchas veces en la derecha peruana parece que, más que libre mercado, lo que se quiere es socialismo, pero para los ricos: socialicemos los daños y privaticemos las ganancias. Así no pues.

Mientras el mercantilismo es la bandera de muchos derechistas (y también, ojo, muchos medios que hasta se proclaman liberales), a nivel social y político parecen tener la sensibilidad de una piedra. Acá entra a tallar la palabra “conservador”, otra más que describe a la abrumadora mayoría de peruanos pero que sirve como insulto a cada rato. En todas partes hay un partido conservador, menos en el Perú. Otra vez, porque el PPC no es ni de derecha ni conservador, sino todo lo contrario. Y los chanchos vuelan.

Cuando la derecha pasa de lo económico a lo social y político, consigue adhesiones firmes en todos los estratos sociales: desde el más privilegiado hasta el más pobre. La responsabilidad de liderar tamaña coalición, sin embargo, le queda enorme.

Una defensa correcta contra el aborto en caso de violación muchas veces se ve embarrada por la insensibilidad e incluso machismo con el que se trata a la víctima. La denuncia sobre los abusos obscenos del poder en Venezuela pierden credibilidad porque provienen de un grupo, el fujimorismo, que todavía no reconoce que encabezó un régimen autoritario. Incluso cuando enfatizamos la importancia del crecimiento económico, nos damos de bruces contra la realidad de que el mismo gobierno con el que se crecía al 7% es el que indultaba narcos como quien regala pavo en Navidad.

Hace bien la derecha en restregarle en la cara a la izquierda su hipocresía y anacronismo. Pero se equivoca terriblemente cuando cree que ser pragmático y tolerar la corrupción son la misma vaina. Si en el Perú hay un 30% de personas que todas las elecciones vota a favor de “La Gran Transformación” es en parte porque durante veinticinco años la derecha ha dado paso libre para que el país sea saqueado al mismo tiempo que crecía.

La solución para que los principios comiencen a imponerse sobre los intereses es que las personas de derecha dejemos atrás los complejos y lo admitamos abiertamente. La mayoría de peruanos no vota por la izquierda y quiere una economía de libre mercado en democracia pero rechazan el rótulo de derecha.

Es como si el pájaro no pudiera volar y dijera “cuac cuac” pero negara, en todos los idiomas, ser un pato.


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