[OPINIÓN] La Estrella Solitaria

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La tarde más fría de este extraño invierno limeño tenía reservada una emocionante historia que se iba escribiendo con el movimiento de las manecillas del reloj. Las selecciones de Chile y Argentina chocaban, en Santiago de Chile, para disputar la final del torneo que ha hecho vibrar a un continente entero en el último mes. Se preveía un partido durísimo para ambos encuentros, dos equipos con jugadores de calidad que son fieles cada uno a su propio estilo de juego, que no arrugan nunca y que sin duda ponen en más de una oportunidad la pierna fuerte.

Chile salió con todas sus armas a encarar el partido de una manera totalmente ofensiva. No se guardó nada. Diría que fue un planteamiento sorprendente, pero a juzgar por el “Hombrecito” encargado de guiar a “La Roja”, la verdad es una propuesta común. Sampaoli por primera vez en toda la Copa demostró el juego al que Chile tenía acostumbrado al mundo. El local tomo posesión del arma más preciada de este deporte, anulando toda intención de elaboración por parte de los “albicelestes”, que se encontraron sumidos ante una asfixiante presión. Entre Aránguiz y Díaz recuperaban cualquier balón que intentara atravesar la zona medular, para luego iniciar la ofensiva chilena, que nunca encontró un camino libre por la buena actuación de la zaga argentina y Mascherano.

Por su parte, el planteamiento inutilizado del “Tata” tuvo que recurrir al juego individual donde buscaban la asociación de Messi con Pastore, los más claros del equipo. Sin embargo, ninguno encontró rumbo, al igual que la selección argentina. Sin opciones claras de gol, pero con un desempeño muy superior por parte de los “mapochos”, se cerró el primer tiempo.

Para la segunda mitad el “Tata” buscó replantear el partido de arranque con una intención ofensiva, que nuevamente fue abolida por la zona de recuperación chilena. Por este motivo, Argentina tuvo la consigna de cerrarse bien atrás, dejar su arco en cero y a base de contra golpes encontrar una chance clara de gol. La dinámica no cambió mucho, ya que las camisetas rojas invadieron la cancha de la albiceleste, con un Alexis enchufado en el partido junto a un Valdivia mágico. Mientras tanto, en la vereda de en frente el astro mundial del que todos hablan estaba más desaparecido que Waldo en sus libros, sumido en la férrea marca que le aplicaban los chilenos. Cuando Messi recibía la redonda no lo hacía cómodo, e inmediatamente se veía rodeado por tres marcadores adicionales. Esta mitad se cerró así, con el marcador en cero porque el “Tata” cerró su arco a base de rechazos largos y pierna fuerte.

Es para destacar la velocidad con la que se jugó el partido por parte de ambos cuadros. Si bien Argentina no tuvo la pelota lo suficiente para desempeñar su idea de jugo, cuando la tuvo toco la pelota con velocidad, trató de ir para adelante con la consigna de desequilibrar y en la mayoría de oportunidades fue preciso. Chile fue por primera vez en toda la copa el Chile que vimos en Brasil 2014, ese que te presiona todo el partido y que prioriza las posesiones cortas con la consigna de llegar con un toque tanto veloz como preciso al área rival en busca de ocasiones claras.

Para el suplementario, la falta de llegadas al arco por parte de ambos equipos hacía que se vieran más cercanos los penales que el fin en los 120. El trámite del juego no cambió para nada, Messi no apareció y el resultado se mantuvo igual. En los penales se marcó la historia definitiva. Tanto Higuaín como Banega mostraron tan poco como en el tiempo regular, ejecutando muy mal sus disparos y errándolos. De esta manera, Chile ganó su primera Copa América.

Finalmente se terminó la Copa América, de una manera muy aceptable. Chile hizo un partido digno de coronarse campeón en una Copa que nos deja una sensación que las Eliminatorias rumbo a Rusia 2018 serán durísimas para todos.