[OPINIÓN] Literatura de la Violencia: una Aproximación Conceptual

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La narrativa de la violencia en nuestra literatura proliferó en la última década del siglo XX y aún se encuentra en producción. Obras como conocidas como Adiós Ayacucho de Julio Ortega y La hora azul de Alonso Cueto, junto con otras menos publicitadas pero de igual calidad narrativa como Días de fuego de Fernando Cueto o Incendiar la ciudad de Julio Durán dan cuenta de cuán profunda es la huella de la violencia en la memoria de la nación. De la misma manera en que la escalada fratricida de la última mitad del siglo XX marca un acápite de nuestra historia, la violencia urbana también se traduce en otro fenómeno violento en el que estamos sumergidos desde hace tres lustros. Ambas situaciones conmueven y pasarán décadas antes de tomar distancia de los hechos para deslindar con calma las causas, las repercusiones y el legado que nos deja. Mientras tanto, la literatura cumple con traducir esta historia cotidiana que no se puede comprender.

La violencia se explica en el panorama nacional a partir de las circunstancias históricas que estudiosos de las ciencias sociales están investigando. Para comprender este fenómeno social en lo literario recurrimos a Walter Benjamin quien conceptualiza lo siguiente:

“…Esta violencia tiene manifestaciones por completo objetivas, a través de las cuales puede ser sometida a la crítica. Tales manifestaciones se encuentran en forma altamente significativa sobre todo en el mito. La violencia mítica en su forma ejemplar es una simple manifestación de los dioses. Tal violencia no constituye un medio para sus fines, es apenas una manifestación de su voluntad y, sobre todo, manifestación de su ser” (Benjamin, p. 14) .[1]

La violencia en sí no es gratuita; ella se da por el cúmulo de actos previos hasta que el desenlace cae por propio peso. Por supuesto, la violencia en el mito clásico responde a una dimensión social distinta, aunque paralela, a la violencia que se da dentro de la narrativa nacional. Benjamin lo explica a través del mito de Níobe, un personaje cuya soberbia causó la muerte de sus hijos y la destrucción de su vida.

En el caso de los mitos griegos, el héroe, sea hombre o mujer, se eleva al estatus heroico por acciones que se ve obligada/o a realizar, aun si ellas transgreden las leyes divinas: “Es en el fondo este héroe, y la violencia jurídica del mito congénita a él, lo que el pueblo busca aún hoy representarse en su admiración por el delincuente” (Benjamin, p. 14). En el mito clásico, los participantes están involucrados, voluntaria o involuntariamente, en actos transgresores de las leyes establecidas por los dioses. En algunos casos, los personajes principales se sienten obligados a transgredir leyes jurídicas para obedecer leyes morales, como en el caso de Antígona. En el mito de Prometeo, la situación de desamparo de la humanidad mueve al héroe a desafiar una ley injusta desde su punto de vista y está dispuesto a pagar el precio por su decisión. Es el destino, o la fatalidad, quien empuja al héroe o heroína a cumplir su misión. En estos casos, el resultado del acto heroico pasma al pueblo ante el suceso moviéndolo al aplauso o a la condena.

Las causas de la violencia en la narrativa nacional son exógenas, mientras que en el mito griego son culturalmente endógenas. En la mitología griega, la violencia responde a la cosmovisión de los pueblos griegos para explicar puntos metafísicos  peculiares a su modo de vida. En cambio, en la literatura peruana, la narrativa de la violencia no se explica sino es a través de las circunstancias históricas explosivas provocadas por ideologías foráneas o por el quiebre de nuestro sistema de valores. En el Perú no se puede afirmar (salvo en círculos muy reducidos y subterráneos) que los protagonistas de la violencia se hayan granjeado el aplauso o la admiración del pueblo, como tal vez sea el caso de los mitos griegos.

[1] Benjamín, Walter. “Para una crítica del violencia”. Edición electrónica de <http://www.ddooss.org/articulos/textos/walter_benjamin.pdf >. (Consultado el 08/09/15).