[OPINIÓN] Ollanta en el país de las maravillas

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El presidente Ollanta, nuevamente, decepcionó en el discurso de 28 de julio. El pueblo peruano esperaba escuchar medidas reales a problemas concretos, esto no ocurrió. El discurso del presidente se presenta como una perfecta desadaptación de la realidad, no concuerda con la situación real del país, el retraso en el crecimiento económico, el aumento de la delincuencia, la paralización del agro y la minería, etc.

Al parecer, y esto es lamentable, nuestro presidente vive en un país de las maravillas (No me refiero a los gastos no justificables de su esposa, sino a su incapacidad para conocer la realidad). La imagen descrita por él dista de lo que ocurre en el país. “En mi gobierno el reto ha sido y seguirá uniendo al país” ¿Cómo puede unir al país un gobierno que está peleado con el poder judicial, el congreso, la oposición y la prensa? Mentira presidencial, pues. La verdad, lo que vemos los peruanos todos los días, son los dimes y diretes de un oficialismo ahogado en su propia ineptitud. “El mayor reto que tenemos como país es lograr tener una educación de calidad para todos los peruanos; por ello, emprender una reforma educativa integral ha sido una prioridad en mi Gobierno” Entiendo que se ha avanzado en la educación pero se perdió mucho tiempo en eso, se perdió tiempo en paralizar los colegios emblemáticos, se les cambió de nombre a “colegios de alto rendimiento”. No es una obra auténtica del nacionalismo, viene de antes, es la continuación de lo que se avanzó en educación en el gobierno aprista. Se adjudicó obras como Chavimochic, tren eléctrico y Olmos, temas que comenzaron en gobiernos anteriores. Allí no ha habido trabajo, solo piloto automático. También dijo que éramos uno de los países que más crecía de América Latina, pero no dijo que cuando Alan García le entregó el gobierno liderábamos la región en crecimiento y que, ahora, ya no crecemos el ritmo de antes (7%), ni tampoco somos los líderes de la región. Es realmente lamentable que en el discurso no se mencionase medidas concretas para recuperar nuestra economía.

 A parte de todas las falacias ya señaladas, lo que me llamó la atención fue que prometiese obras para lo que queda de gestión. Entiendo que el presidente Ollanta haya prometido durante estos cuatro años de gobierno pero, llegar el último año y seguir prometiendo lo que no se ha cumplido solo es reflejo de mediocridad. Solo es la imagen fiel de un gobierno que no sabe gestionar, ni conciliar, ni invertir. Promete seguridad ciudadana y; sin embargo, sufrimos todos los días las consecuencias de la delincuencia, tampoco se dijeron medidas concretas para solucionar dicho tema. Y la conchudez más grande fue decir que su gobierno luchaba contra la corrupción (¿Contra su corrupción o contra la de los demás?) En fin. Las circunstancias, el tiempo electoral, exigía que el contenido del discurso fuese otro. Ollanta Humala debió asegurar la transición democrática e inaugurar oficialmente la campaña electoral para el 2016, pero no lo hizo. Otro error de su poco espíritu democrático. Al parecer, la pareja presidencial no se ha enterado de que el próximo año acaba su gobierno. A no ser que vean la manera de enquistarse en el poder, aunque lo dudo, no tienen ni la popularidad ni la capacidad suficiente.

El discurso de Ollanta Humala fue, aparte de imprudente, mentiroso e irreal. Describió en él un país de las maravillas, un Perú inexistente. Se burló de todos los peruanos que hemos sido golpeados por su ineptitud en materia económica, en seguridad ciudadana y en desarrollo. En fin, las palabras se van, las obras quedan en la inteligencia colectiva de los pueblos.  Lo bueno es que ya se acaba, todavía estamos a tiempo de volver a la senda del desarrollo, del crecimiento y de la verdadera justicia social.