[OPINIÓN] Paradojas De aquí y de allá

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Cuando uno empieza a estudiar temas internacionales, le parece que las políticas exteriores, los acontecimientos mantienen líneas coherentes, tendencias reconocibles, una cierta unidad. Y sí, de eso hay. Pero también hay paradojas, grandes paradojas. En lo grande y en lo pequeño. He aquí algunas muy recientes, en asuntos relevantes y otros, que no lo son tanto. Pero que denotan que, muchas veces, la política la hacen las personas, también con sus incoherencias, con sus paradojas.

Por ejemplo, en Turquía. Después de varios atentados de ese engendro que se llama a sí mismo “Estado Islámico”, el gobierno turco ha decidido entrar más consistentemente en la batalla. Y han empezado a bombardear posiciones del “Estado” en el norte de Iraq. A todo el mundo le ha parecido bien: hace tiempo se venía pidiendo un mayor compromiso turco en esta guerra, incluso algunos gobiernos sugirieron que podrían enviar tropas terrestres. Turquía ha vuelto a decir que no va a hacerlo (sumándose así a todos los países que no lo hacen, o sea, todos menos uno… y medio). Pero, aprovechando la coyuntura, los turcos también han bombardeado posiciones del partido extremista kurdo PKK; tanto es así, que el presidente de la región autónoma kurda en Iraq ha pedido a los kurdos de la PKK que abandonen ese territorio. Paradójicamente, la PKK está combatiendo contra el engendro islámico; es más, son los únicos que, con el ejército iraquí mantienen tropas terrestres sobre el terreno. O sea: al combatir contra el “Estado Islámico” Turquía bombardea también al grupo kurdo que está combatiendo contra el “Estado Islámico”. Paradójico, ¿no?

En España, como se sabe, el panorama político tras las últimas elecciones regionales y municipales es bastante confuso. En San Sebastián, capital de Gipuzkoa, uno de los tres “territorios históricos” (allí no quieren llamarlos provincias) que conforman el País Vasco, durante muchos años, existe un cierto equilibrio entre lo que se llama el “bloque constitucional” (socialistas y populares) y el “bloque nacionalista” (vasco, por supuesto). Así, desde 1979 hasta 1991 el alcalde fue nacionalista, de alguna de las formaciones no radicales; durante 20 años (1991-2011), el sillón municipal lo ocupó el socialista Odon Elorza. Y en 2011 entra un representante de la coalición “Bildu”, a la que se suele calificar como “polo soberanista de izquierda”, es decir, nacionalismo independentista radical. Ahora, tras el último cambio, hasta los españolistas están contentos: el alcalde es del Partido Nacionalista Vasco, al menos un nacionalista de toda la vida… Eso sí: el 25 de julio, festividad del apóstol Santiago, Patrono de España, en el País Vasco es feriado: cierran los comercios, se llenan los restaurantes, se celebra. EL Patrono de España, en el parcialmente separatista País Vasco… Algunos de los nacionalistas vascos lo explican diciendo que es que el “Camino de Santiago” siempre tuvo mucha importancia en el País Vasco. Bueno, quien no se consuela es porque no quiere. En cambio, en Madrid, capital de España, Santiago, patrono de España, no es feriado. Paradójico, ¿no? Pues aún hay más: porque este año, Madrid ha celebrado una fiesta del Corpus laica. Es decir: ese jueves, mientras la Iglesia en España no celebraba el Corpus, trasladado al domingo, en Madrid era feriado: los comercios cerrados, etc. ¿Por qué? Porque era la fiesta del Corpus. Pero si ibas a la iglesia, no era la fiesta del Corpus. Paradójico, ¿no? En la España de las regiones suceden estas cosas. Hace años, cuando se reguló el calendario laboral, la Iglesia en España aceptó trasladar algunas fiestas al domingo, por ejemplo el Corpus y la Ascensión, con lo que se dinamitó aquel versito que todo niño sabía: “Tres jueves hay en el año / que relucen más que el sol: / Corpus Christi, Jueves Santo / y el día de la Ascensión.” Pero en el calendario quedan algunas fiestas al arbitrio de cada región, que puede conceder más o menos feriados según las circunstancias. Así que Madrid declaró feriado el Corpus en el jueves cuando la Iglesia lo celebraba en el domingo. Paradójico, ¿no?

En lo grande, en lo pequeño, los que toman las decisiones son seres humanos con sus intereses, sus paradojas, sus contradicciones.

Pero, ¿no es una paradoja que en el gran discurso presidencial casi no se mencione la preocupación mayor de los ciudadanos, hartos ya de la inseguridad y la violencia? Pocos minutos en hora y cuarto, como si el tema no fuera mucho con él. Al final casi dio la impresión de que hablaba de otro país diferente, lleno (sólo) de grandes logros, pero sin serios problemas. Parece que les pasa mucho a los gobernantes, sobre todo cuando llevan algunos años: desconectan del país, viven en otro idealizado. No llegan las voces de la calle, sólo las de unos asesores que filtran los ruidos. En España se ha llamado “síndrome de La Moncloa”, por la residencia del Presidente de Gobierno. Y a casi todos los gobernantes de la democracia les ha afectado: le dio a Felipe González al cabo de años; le dio a José María Aznar en su segundo mandato, cuando tenía la mayoría absoluta; le dio a José Luis Rodríguez Zapatero, al muy poco de llegar (es mítica su obstinada negación de la crisis, cuando todos hablaban de ella y muchos ya la percibían en su vida); Mariano Rajoy está inmerso en ella cuando -habiendo llevado a su partido a perder gobiernos regionales y alcaldías y al país, a la confusión de alianzas, coaliciones, movimientos y partiditos- cree que será el mejor candidato para las elecciones nacionales del año que viene. Les da a muchos gobernantes, que -aupados por el hastío popular con el gobernante anterior o reelegidos tras una primera fase no mala o simplemente porque no hay alternativa convincente- ven caer su popularidad hasta cotas casi infra-democráticas porque, sencillamente, ya no sienten el ruido de la calle, infravaloran lo que piensa y siente el ciudadano (les parece, por ejemplo, que escandalosos casos de corrupción son simplemente malvadas maniobras mediáticas) y van elaborando una visión de una país que ya no es el que es… Cuanto más gobiernan, menos conocen el país. Paradójico, ¿no?

No les pasa a algunos, como Merkel, que no es que esté dotada de una gran capacidad de empatía (hace unas semanas hizo llorar en un programa de televisión a la hija de unos emigrantes por si frialdad y estilo directo, pero que muy directo), pero sabe cuáles son las preocupaciones reales. Y a otros, como Putin, que cabalga a base de satisfacer las querencias nacionalistas de muchos de sus ciudadanos, despreciando a los otros, que preferirían más respeto a los derechos humanos. No es cuestión de compararlos: sólo establecer que quizá tienen ese punto en común. Paradójicamente.

PD: El “flop” de la semana (llamemos “flop” a un error tonto y, sin embargo, un poquito vergonzoso). ¿Se fijaron ustedes que en el desfile de Fiestas Patrias, en todas las solemnes butacas de primera fila de la tribuna principal lucía un pequeño papelito amarillo (posiblemente post-it), supongo que con el nombre de la persona a la que correspondía el asiento (la cámara nunca hizo el favor de mostrarlos de cerca). Un “flop” realmente. Es el Servicio de Protocolo (y no un papelito) el que indica a cada quien dónde debe sentarse. Y, en todo caso, una vez comienza el desfile, se retiran discretamente los papelitos. No sea que cada vez que se alzan de los asientos los invitados se vean todos los papelitos. Por cierto: también la silla del Presidente tenía su papelito; no sea que se confunda alguien y se siente allí.