[OPINIÓN] ¿Quién ganó verdaderamente la Copa América?

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Estoy hasta los cojones con el fútbol, dispuesto a bajarle los dientes al primero que me hable de Zambrano, Paolo Guerrero o de los supuestos árbitros filochilenos. Estoy harto de Butters, de Beto y de los tuits sin sentido que se publican a mansalva. Y es que sinceramente no tengo fuerzas para odiar ni apasionarme por un simple deporte. Porque eso es lo que es el fútbol: un simple deporte que, como todo, tiene grandezas y miseras, que genera cosas buenas y malas, pero que al fin y al cabo consiste en once hijo de vecino intentando encajar un balón (el esférico como dicen en el éxtasis de su alienación los comentaristas deportivos) en la portería de los otros once hijos de vecino. Si bien es cierto que puede ayudar a inflar el orgullo nacional (tan mancillado y solamente sostenido por un tufillo insoportable de guisos en nuestro caso), y que hace de alquimia perfecta para la solución de una crisis política (en el caso chileno); puede resultar un arma de doble filo. Porque cuando los globos del ego nacional se pasan de aires, el resultado es una explosión ruidosísima que en milésimas de segundo nos reduce a la mera nada.

Y nos redujo y los redujo. Y hemos tenido que escuchar cada cosa. Todo por culpa de un balón, de un esférico, de una maldita pelota que cuando quiere entra y cuando no quiere es por culpa de la Virgen María, del arbitro vendido, de los gritos de la hinchada, de las pifias del “enemigo” y del director técnico de turno que un día es beatificado y al día siguiente sepultado bajo enormes escombros de mierda. ¿Por qué seremos así? Me pregunto ante este oleaje anómalo de agresividad  tan intenso que incluso su brisa se siente en mis palabras. ¿Por qué hacer de un duelo deportivo una cuestión de Estado? Métanse su antichilenismo a donde no les cae el sol y su antiperuanismo al mismo agujero. No quiero que mi generación pierda tiempo y oportunidades discutiendo el sexo del mosquito y llorando por eventos de, anoten, el siglo antepasado. Quien afirma que somos distintos a los de nuestro países vecinos no se equivoca, pero tiene la misma lógica de un orate, porque un chileno es tan distinto a un peruano; como un limeño, a un iqueño y ello no significa que no podamos vivir en armonía conjugando costumbres y compartiendo alegrías.

Si el fútbol sigue generando conflictos entre hermanos, pues no me gusta el fútbol. Si gente ignorante va a insultar a mi país y mis etnias, pues no me gusta el fútbol. Si mis compatriotas van a hacer lo mismo, pues, aún peor, no me gusta el fútbol, Si siguen empujando al vacío a personas desde los palcos de los estadios, pues no me gusta el fútbol. Si siguen tirando a las pistas a chicas desde microbuses, pues no me gusta el fútbol. Si las celebraciones de los partidos siguen terminando en disparos, vidrios rotos y agresiones, pues no me gusta el fútbol. Si se empecinan en seguir creando monstruos alcohólicos que destruyen sus superautos después de una noche de fiesta, pues no me gusta el fútbol. Si les siguen echando gas mostaza a los jugadores contrarios, pues no me gusta el fútbol. Si van a darle billones de dólares a alguien que no tiene idea de lo que es trabajar, pues no me gusta el fútbol. Si estos últimos se van a convertir en referentes de los niños, pues no me gusta el fútbol Si esto se trata de un caldo de cultivo para los mafiosos, pues no me gusta el fútbol. Si las pandillas se siguen escondiendo tras los escudos de los clubes, pues no me gusta el fútbol. Si les sirve a los políticos como cortina de humo, pues no me gusta el fútbol.

Es una lástima que todo esto no vaya a dejar de ocurrir, por ello puedo afirmar: No me gusta el fútbol.

Qué bien que por ahora mi pueblo y los pueblos de América volverán a concentrarse en lo que deberían. En las luchas contras las tiranías, en las conquistas de derechos, en los debates sociales, en la planificación de un futuro mejor. Qué bien que mis hermanos continentales hoy se preocupen por cosas que verdaderamente valen la pena. Quiero pensar que todavía hay esperanza en este “pueblo sin piernas, pero que camina”, y que la vida no es un partido de fútbol en donde solo gana uno. La Copa América este año es para todos los que sentimos que somos un solo bloque, para quienes nos hemos alejado de los peligrosos nacionalismos y de la xenofobia, para quienes somos ciudadanos del mundo.