[OPINIÓN] Respuesta al cardenal Juan Luis Cipriani

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Hoy se cumple una semana de haberse publicado el fallo a favor del matrimonio entre parejas homosexuales en todo Estados Unidos, noticia que tuvo repercusión a nivel mundial con posturas a favor y posturas en contra, inevitablemente. Inevitable también fue la aparición de nuestro cardenal, Juan Luis Cipriani, en medios de comunicación, declarando sobre esta supuesta desgracia. En esta columna procuraré, desde mi humilde opinión y con respeto, comentar los puntos que plantea el cardenal.

“Esta decisión, [es] para mí realmente trágica para EE.UU., […] Lo que me parece más grave es que se genere una nueva estructura, después de siglos, que tiene que destruir la que Dios ha querido y que ha funcionado de manera normal. Ahora, por un voto de una corte americana, se quiere cambiar el modo de vivir en el mundo […] Lo que está planteándose es el ataque a la institución matrimonial. Déjenme el matrimonio tranquilo.”

Señor Cipriani, por favor, usted déjenos tranquilos a nosotros.

El matrimonio es una institución que se practica a diferentes niveles; en el Perú puede ser una ceremonia civil, un sacramento religioso (de la religión que la pareja practique) o ambos. Depende de la pareja que quiera contraerlo, pues es importante recordar que no todos en el Perú siguen la religión que profesa el cardenal. Considero que es muy fácil juzgar, y es también muy fácil ser intolerante. Es muy tentador presentar su dogma como aquel que debe reinar en nuestro país; sin embargo es necesario considerar que no todos en el Perú siguen esta línea. ¿Y con ellos qué se hace? ¿Deben seguir doctrinas sin convicción alguna tan solo porque el máximo representante de la Iglesia a nivel local lo dice? Y no me malinterpreten, por favor. Si la iglesia Católica tiene y mantiene estas creencias, son libres de aplicarlas en sus vidas como prefieran, pero el Perú es–en teoría–un país donde existe separación de Iglesia y Estado. Como tal, el gobierno debe brindar a todos sus ciudadanos los mismos derechos, independientemente de lo que el Catolicismo, el Budismo, el Judaísmo, el Islam, y los demás credos profesen. Por favor, Sr. Cipriani, no nos meta a todos en el mismo saco.

El cardenal, sin embargo, aún tenía mucho que decir:

“La historia juzgará a cada una de las generaciones. […] Nosotros vemos si, cuando ocurrió todo el holocausto del régimen nazi, la generación lo sigue juzgando por ser una cosa salvaje e inhumana, pero en su momento colmó el mundo entero. Cuando vemos ahora este ataque islámico de un grupo de gente realmente tenebroso, la generación siguiente dirá qué hicieron y, de ese mismo modo, creo que cuando se afecta el matrimonio y la familia…” Sin terminar la oración, el cardenal mencionó que él no está casado, por lo que no tiene intereses personales por defender esta institución.

¿Tiene sentido comparar la unión de dos personas que se aman con el holocausto? El holocausto fue una masacre, asesinato tras asesinato, la expresión por excelencia del antisemitismo, de la intolerancia. Y una vez más, ¿podemos comparar el matrimonio civil entre dos personas del mismo sexo con los ataques terroristas de grupos islámicos? No sé si no veo bien la figura, pero me parece que es un poco arriesgado comparar con terroristas y asesinos a las parejas homosexuales de nuestro país y del mundo.

Las sociedades son complejas, los tipos de familia han cambiado. Ahora hay divorcios, madres solteras, padres solteros. Ahora las mujeres trabajamos y tomamos decisiones.

Señor Cipriani, el mundo está cambiando. Lo invito a reflexionar sobre la religión que profesa y sobre sus bases, que son el respeto y el amor. Si existió un Jesús que amó sobre todas las cosas, que supo perdonar, tolerar y comprender, ¿por qué usted no sigue su ejemplo? Tal vez así nos demuestra que las acciones valen más que las palabras.