[OPINIÓN] Yo no soy terrorista

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El Perú es un país intolerante, e intolerante desde las entrañas. Si algo no nos gusta, lo vamos a criticar. Pasa con la religión, entre géneros, entre razas, entre niveles socioeconómicos. Pasa siempre. Y pasa, muchísimo, con nuestras tendencias políticas.

Y yo estoy harta de que me digan terrorista.

¿Tienen acaso idea de lo que están diciendo? ¿Es necesario recordarles el miedo que se vivió durante el conflicto armado, es necesario recordar los cientos de familias que se vieron afectadas por el terrorismo, los padres que tuvieron que enterrar a sus hijos–si es que los encontraron? ¿Es necesario recordar las bombas, los apagones, las banderas blancas? ¿Tan ligeros podemos llegar a ser? ¿Tan poco nos importan todos los hechos registrados durante esos años?

No podemos darnos el lujo de andar por ahí catalogando de terroristas a todos aquellos que tengan una ideología distinta a la nuestra.

El terrorismo fue un movimiento de reacción ante una coyuntura sociopolítica, un movimiento que bajo la premisa de “generar un nuevo Perú” se daba la licencia para liquidar a aquellos ciudadanos del país que no servirían para sus fines. Estamos hablando de asesinato y de violencia ilegítima y delincuencial.

No debería ser necesario recrear la historia para que entendamos que los terroristas fueron–y siguen siendo–un exceso de la izquierda, pero que eso no significa que todos con un pensamiento de izquierda lo sean. Es absurdo pensar que todos los zurdos quieran asesinar a aquellos que no simpatizan con su filosofía.

Estamos a punto de enfrentarnos a nuevas elecciones, tenemos candidatos flojos y gaseosos, que es a lo que nos hemos acostumbrado. Seguimos apostando por el mal menor y no es una cuestión de derecha o de izquierda, pues representantes de ambas ideologías nos han jodido a lo largo de nuestra historia.

Veamos. Tenemos un panudo Alan García que conocemos de memoria pero no dejamos ir; una Keiko Fujimori que apoya las acciones de su padre con convicción (vayan ustedes a juzgar las acciones de su padre); un PPK desesperado por simpatizar y que es un lobbista tratando de disfrazarse de socialista; y también nos enfrentamos a las amenazas, de Gregorio Santos, Daniel Urresti y un arroz con mango de oportunistas que van a querer llenarse el bolsillo, como lo vienen haciendo años atrás, pero que no representan ideas políticas. Y esta, señores y señoras, no es una cuestión de izquierda o derecha. Es la cochinada política que inunda nuestro país. No se confundan.

Yo no soy zurda, pero simpatizo con muchas de sus ideas y me ofende cuando, al comentar esto, me dicen terruca. Conozco a muchos izquierdistas, son mis amigos, trabajo con ellos y no creo que sean terroristas tampoco.

Antes de emitir juicios rápidos y catalogar a las personas, démonos un tiempo para pensar. Si queremos crecer como nación, como sociedad, debemos aprender a tolerar las ideas de los demás. Aprender a discrepar con respeto y argumentar con bases. Si queremos crecer, ser grandes y considerarnos un país desarrollado, pues portémonos como tal.

Si tú eres de derecha, yo no te digo facho. Si yo soy de izquierda, no me digas terrorista.