[OPINIÓN] Yo plagio, tú plagias, nosotros plagiamos… El inicio del fin

427

Tiembla Acuña y muchos ceban sus animadversiones. De pronto muchos son especialistas en redacción de tesis universitarias y exigen la baja del candidato de “raza distinta”. Se lo tiene bien merecido. Decir en la Feria del Libro de Trujillo que no lee libros y que no escribe nada era dejar pistas de soberbia por doquier. No caben dudas, Acuña pensó que lo podía todo, aún si eso significaba hacer la del “vivo”, pero, ¿esta será una oportunidad malograda para nuestra “choledad”?, ¿o más bien será una brillante muestra de que algo sí está cambiando?

El plagio, condenable a todas luces, es solo una de las numerosas aristas que tiene la sub-cultura de la “criollada”, tan asentada en el imaginario colectivo de nuestro país. Se trata de una práctica de matiz capitalista que sigue el dogma económico: “ganar lo máximo al mínimo costo”. Claro, obviando agregar: “dentro de unos límites ético-morales”.

¿Para qué estudiar para mi examen si puedo armar mi plagio?, ¿para qué ir al sustitutorio si se le puede hacer una chanchita de fin de año al profe?, ¿para qué desarrollar trabajos si los puedo mandar a hacer?, ¿para qué preocuparse académicamente si la vida está hecha para divertirse? Total, como dijo Hildebrandt, ahora están más llenos los gimnasios que las bibliotecas, ¡ah!, pero, con ayudín (anabólicos) sino, ¿para qué gastar tanto esfuerzo en horas y horas de entrenamiento si puedo “inflarme” con un poco de plata?

Pero bajo este dogma también podríamos preguntarnos: ¿Para qué pagar tributos municipales si en las pistas y veredas puedo vender sin que me cobren?, ¿para qué estudiar si puedo ganar más plata y más rápido robando, vendiendo marihuana y/o puteando?, ¿para qué entrar en largas y dilatadas licitaciones si en el lobby “coordinamos” para ir a medias?, ¿para qué pagar los pasivos ambientales si al final nosotros no viviremos ahí?, ¿para qué pagar el equipo completo de cable sí se lo podemos “jalar” a un inocente vecino?, ¿por qué pagar la luz sí siempre hay un poste cerca?, ¿por qué negarnos a ampliar nuestras casas si podemos construir escaleras usurpando las veredas?, ¿por qué voy a tener miedo de trasgredir la ley si tengo mi tío oficial de policía?, y la lista sigue de interminable…

Si se dieron cuenta estamos a todo nivel ya que no se trata de la posición socio económica (se puede ser un plagiador en el 1127 como en el Roosevelt) sino de un mal, que a diferencia de otras épocas, ya está en vitrina, en evidencia.

Para entrar en política se hace muy complicado ahora, al menos un poquito más que antes, ya que hoy se necesita ser un santo o un completo desgraciado insufrible. Te buscarán todo, desde cualquier denuncia que tengas hasta revisar tu tesis universitaria, desde los amigos que hiciste hasta tu vida amorosa y sus vaivenes. Todo vale para llegar al sillón presidencial, a una curul o al sillón municipal, pero, esto también revelaría que estaríamos ante el inicio del fin, del fin de esa cultura criolla, del “vivo”, del impune que pretende hacer lo que sea por llegar al poder.

En tiempos de máxima sospecha haría bien que surjan candidatos y candidatas irreprochables, dispuestas al escrutinio de la prensa y de los “enemigos”, ya que esto aperturaría la posibilidad de que surjan los que no plagian ni los que se jacten de ello y estos serían verdaderamente los de una raza distinta.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.