[OPINIÓN] Orden y más balas

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Ántero Flóres-Araóz representa (si le sumamos a su voceado vicepresidente, Miguel Santillana), quizá lo más cavernario de la derecha. Y cuando decimos cavernario no nos referimos a ningún adjetivo despectivo ni insultante, sino muy por el contrario, uno genuinamente descriptivo de un pensamiento que es precisamente “de la época de las cavernas.” En otras palabras, es un pensamiento pasado de moda para el contexto que vive hoy el Perú.

En una reciente entrevista que brindó Flóres-Aráoz al periodista Luis Felipe Gamarra en la revista Cosas, fue muy interesante su desconexión absoluta con la realidad del país.

Su visión bien podría encajar con la de aquellos que creen que ser de derecha significa meter bala a toda costa, oponerse a todo tipo de libertades políticas y que todo programa social (ya sea específico, técnico y enfocado a una población vulnerable en particular) es una muestra del más grande comunismo soviético.

La derecha en el Perú necesita una renovación. Y aunque yo no me considero una persona de izquierda, sí concuerdo con Alberto Vergara en que quizá la derecha en el Perú sea una de las más conservadoras de América Latina. Cuestión que, por cierto, no le hace mucha ayuda a la causa liberal.

Una derecha moderna debe comenzar por comprender una premisa esencial: la libertad es una sola. Cuestión por la que siempre ha resultado una incoherencia que un político defienda la libertad de la gente para gastar su dinero, pero no, por ejemplo, la de escoger con quien acostarse en la cama. En ese sentido, Flores-Araóz y su más despectiva oposición a la Unión Civil es un claro ejemplo cuando dice: “¿Con que se agarren de las manos en público no es suficiente?”

Es como si un izquierdista le dijera sobre su dinero: “¿No es acaso suficiente con que solo te quedes con el 20% de la fortuna que ganas?”

Por otro lado, su visión de lo que denomina “Orden” es la siguiente: “Más que mano dura, diría más disciplina. Orden con utilización de la ley.” Si bien nadie está en contra de la aplicación de la ley y el orden (ya que, efectivamente, hacen mucha falta), no se puede desconocer dos cosas fundamentales cuando de manejar los conflictos se trata. La primera de ellas es que, lamentablemente, poner orden para muchos no significa nada más que “meter bala”. El gran problema, en la mayoría de los casos, no es la incapacidad de la policía, sino del Poder Judicial para condenar a los responsables. ¿Por qué un policía arriesgaría su vida en tratar de capturar a un violentista si luego el Poder Judicial lo va a liberar en un santiamén? El gran enfoque de la derecha moderna debería estar en una reforma profunda del sistema de justicia, cuestión que ni asoma en el planteamiento de Flóres-Araóz.

Y segundo, existe una nula apuesta por el diálogo. Si bien con diálogo no queremos decir “ceder ante todo chantaje”, sí se necesita reconocer que es importante una dosis intensa de política. Quien busque reprimir con toda la fuerza estatal, solo conseguirá que el globo le explote en la cara. Los conflictos requieren inteligencia, no prepotencia.

Si nuestra derecha busca tener oportunidades electorales, debe comenzar por comprender que el Perú actual es muy distinto al de antes. Hoy somos un país más complejo, con una mayor clase media y con retos muy diferentes, mucho más en el campo político que en el económico.

Con una derecha que sigue teniendo una visión política del siglo pasado, estamos condenados al fracaso.


 

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