Orgánicos y Transgénicos ¿qué es mas verde?

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Ayer fui a un supermercado y me encontré tratando de decidir entre un producto orgánico y uno transgénico. ¿quién no se ha encontrado en esa encrucijada? Entonces se nos viene a la cabeza los mil argumentos de científicos, políticos, chefs, agricultores. Opiniones y opiniones, todo el mundo opina pero ¿qué escojo?  Hoy existe toda clase de compradores entrenados y miles de criterios y combinaciones sobre los que basar nuestra decisión de compra. Es así que algunos escogen los más rico, mas baratos, mas sanos, y otros locos como yo, de vez en cuando nos preguntamos ¿qué es mejor para el mundo? Comencemos por definirlos:

Orgánicos: Son aquellos productos que no tuvieron interacción con pesticida herbicidas o fertilizantes y por ende, libres de sustancias tóxicas, buenos para el consumo humano y no contaminan.

Transgénicos: Son productos cuyo genoma ha sido modificado agregándole un gen de otra especie buscando que la nueva variedad tenga esa nueva propiedad beneficiosa para el cultivo como resistencia a sequias, heladas, plagas, entre otros.

Estamos ante la nueva era de la preocupación por la salud marcada por la explosión de los productos orgánicos. Son percibidos como los más naturales, no contaminantes y de mayor valor nutricional, reduciendo la cantidad de sustancias tóxicas en nuestro organismo. Normalmente, los orgánicos están vinculados a palabras como natural, sano, bueno para el medio ambiente, pero hay una palabra más que algunos olvidan mencionar: Caro.

Pues hoy, más que nunca, vivimos en un mundo globalizado, y algunos de nosotros bien alimentados olvidamos que existen 842 millones de personas que sufren de hambre en el mundo. La realidad inconveniente para algunos idealistas, es que no producimos suficiente alimento para nuestra población actual, la misma que aumentará a 9000 millones de personas apiñadas en nuestro pequeño planeta para el año 2050. Nos encontramos ante la inminente realidad de que tenemos que producir más alimento y no nos alcanza con la tierra cultivable que tenemos hoy. ¿qué opciones tenemos?

En simple, tenemos 2 opciones claras: 1) Aumentar la superficie cultivable a costa de seguir destruyendo bosques para hacer agricultura “natural” extensiva y orgánica, o 2) Aumentar la productividad por hectárea utilizando biotecnología, evitando así el crecimiento de la superficie agrícola a costa de bosques y áreas naturales. Tomemos por ejemplo en el caso del maíz, en el que un cultivo orgánico producirá 2,42 toneladas por hectárea, mientras que un cultivo convencional producirá 3.24 y uno transgénico 6.6 toneladas. Por cada hectárea que pasamos de orgánico a transgénico, ahorraríamos una hectárea que puede seguir siendo área natural. Impresionante ¿verdad?

Hace muy poco, el premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts acusó a partidos políticos y ONGs “ambientalistas” de “satanizar” los alimentos transgénicos y que debería considerarse un “crimen contra la humanidad”, dado que el hambre es un reto «mayor que las guerras o las enfermedades» para el mundo. Indicó además que «no hay ni una sola escuela científica en el mundo que encuentre peligrosos para la salud los organismos genéticamente modificados” pero entonces ¿por qué  tanto rechazo?

Pese a la inminente necesidad de trabajar con la maravilla de la ingeniería genética que son los transgénicos, existe una gran preocupación con respecto al enorme poder de negociación ejercido por los 5 gigantes de la biotecnología. Entre ellos, se estima que Monsanto controla el 80% del mercado mundial de semillas transgénicas, y sus más grandes detractores, reclaman que venden el 60% del mercado de plaguicidas asociados a los transgénicos desarrollados por ellos mismos, volviendo a los agricultores dependientes. El resultado es rechazo. Millones de personas son activistas en su contra, muestra de ello, el famoso libro y documental “El Mundo Según Monsanto”, o las críticas a la “Ley Monsanto” en Chile. Todo esto ha terminado por dañar la imagen de los transgénicos en general.

Sin embargo, existen, instituciones muy respetadas como el INIA (Instituto Nacional de Innovación Agraria) en Perú, que han producido desarrollos de transgénicos con enorme potencial para la lucha contra la desnutrición, pero que lamentablemente no pueden sacar al mercado. Sucede que el gobierno del presidente Humala ha planteado una moratoria de 10 años a partir del 2011. Mientras tanto, miles de agricultores pasan hambre y pierden cosechas enteras a causa de heladas y sequias a las que sus cultivos podrían ser resistentes. Pero ¿qué es mejor para el mundo?

La generalización del consumo de transgénicos para enfrentar el hambre en el mundo será inevitable, así que lo mejor para el mundo es promover a las pequeñas instituciones que hacen investigación en biotecnología como el INIA ya que el día de mañana nos proveerán de semillas sin la necesidad de depender de monopolios. Los orgánicos se mantendrán como lo que son: Un lujo saludable para quienes puedan pagarlo.