¿Pa’ eso, presidente?, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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En los catorce meses de gobierno que ha tenido Pedro Pablo Kuczynski, han resaltado dos cosas. En primer lugar está la actitud del Congreso de mayoría fujimorista, que poco o ningún esfuerzo ha hecho para hacerle las cosas fáciles al ejecutivo (según un audio de Yesenia Ponce esto sería una directiva de la lideresa de Fuerza Popular). Y en segundo lugar, y no menos importante, está la incapacidad política que demostró el Ejecutivo, justamente, para hacerle frente a una oposición sediciosa. Ante estas circunstancias, hoy, tanto el Congreso como el gobierno, gozan de magras cifras de aprobación.

Y es que en el caso del Congreso fastidia verlos tan desvergonzadamente agresivos contra el ejecutivo, con muestra de ello siendo las sesiones de interpelación donde han preponderado las diatribas e insultos sobre cualquier otra cosa. Y, en el caso del gobierno, molesta verlo tan impávido y políticamente cándido ante todo lo que le tiran encima.

Con esto como contexto, el pedido de confianza que anunció el ex premier Fernando Zavala, en defensa de las políticas de Estado, se saboreó como un importante cambio de actitud de parte del gobierno, una muestra de la intención de hacerle el pare, si se quiere, a la oposición. Claro, seguramente el ejecutivo sabía que ello iba a desembocar en la partida de Zavala pero, tras esa medida, se podía poner en jaque al Congreso que correría el riesgo de ser disuelto en el caso de una nueva censura a otro gabinete.

El gesto se entendió como un “basta ya” y como un respaldo total a la política educativa liderada por Marilú Martens. La actitud de varios congresistas sumó al efecto de la medida tomada, ya que muchos se empeñaron en acusar su improcedencia y a reaccionar con impostada temeridad a la posibilidad de que se disuelva el parlamento.

Así, cuando finalmente se votó la confianza y Fernando Zavala se vio obligado a emprender la retirada, se esperaba que la conformación del nuevo gabinete fuera distinta. Sí, hubiera sido irresponsable que se apelara a un grupo de ministros que solo tuviera el propósito de retar al Congreso y forzar una disolución del mismo, pero aunque sea se esperaba que el gabinete reivindicara enérgicamente aquellas cosas por las que el gobierno había estado luchando. Claro, sumándole el componente político que hizo tanta falta con Zavala.

Pero el nuevo gabinete, aunque aún hace falta verlo en la cancha, sugiere más concesión que reivindicación. Y es que el único impacto que tiene un ministro cuando es recién nombrado es político y su solo nombramiento es un mensaje importante. Así, por ejemplo, el nombramiento de Idel Vexler, que se ha opuesto abiertamente a distintos componentes de la reforma educativa que impulsaron Saavedra y Martens, pone en tela de juicio la promesa del gobierno de continuar con dicha reforma. En general, el nombramiento de ministros de corte más conservador, parece encarnar una venia a la oposición y no como una reafirmación de la postura liberal de PPK.

Claro, sería un poco apresurado asumir que todo va a cambiar y que lo que sigue es un gobierno abocado al servicio de la oposición, de hecho, la incorporación de cuadros de corte más político (como Mercedes Araóz y Carlos Bruce) dan a entender que se buscará ser más audaz a la hora del enfrentamiento de ideas. Pero sí se nota que se ha buscado acercar al ejecutivo a una postura más moderada, con respecto a la que tenían antes. Ello nos lleva a preguntarnos, entonces, sobre la pertinencia del pedido de confianza y toda la pompa rebelde que pareció acompañarlo ¿Cuál fue el punto de alzar la voz si solo se buscó moderar el discurso?

Ciertamente hay que darle el beneficio de la duda al nuevo gabinete, el liderazgo de Mercedes Araóz, en ese sentido, puede darle más oxígeno al gobierno y a su relación con el Congreso y solo quedará esperar que el ejecutivo se mantenga fiel a las cosas buenas que trató de sacar adelante. Empero, es inevitable sentir que el ímpetu que cargaba el pedido de confianza desembocó en un resultado que poco homenaje le rindió a tanta emoción y, así, queda la pregunta ¿Pa’ eso, presidente?

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