Paddington bear, un tierno embajador del marketing mediocre

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Sorry, PromPerú. Discúlpame, Mincetur, pero ustedes se encargaron de que me harte (y no debo ser el único) de este osito que puede ser muy curioso y todo lo que quieran, pero que de peruano poco o nada tiene.

El año 2009, Mario Vargas Llosa pronunció un discurso magistral llamado Sueño y Realidad de América Latina cuando la PUCP le otorgó el grado de Doctor Honoris Causa. En él habló básicamente sobre el significado de ser latinoamericano. Si analizamos sus palabras a modo de ensayo, el Nobel postula que existe un problema grave sobre la percepción externa e interna de Hispanoamérica. ¿Acaso a alguien le parece extraño que al momento de decir en el extranjero que es peruano, lo miren con curiosidad para luego preguntar dónde exactamente está ese país? Oh, I got it. Perú, Machu Picchu, Ceviche, Machu Picchu, The Incas.

MVLL señala que este problema de identificación (no solo de Perú, sino de todos estos países rodeados de grandes montañas, selvas oscuras, tribus caníbales y extraños animales) se debe a las falsas expectativas y grandes mitos creados por la literatura Occidental desde 1492. Historias descabelladas como la existencia de El Dorado, las Siete Ciudades de Cíbola o la Fuente de la Eterna Juventud. Una prueba de esas ganas imparables de escenificar en el nuevo continente aquellas historias fantásticas que ya no tenían lugar en Europa es el nombre que se le da a muchas de las actuales ciudades americanas. ¿Por qué aquel extenso río de la selva meridional tenía que ser bautizado con el nombre de las antiguas guerreras de un solo pecho? ¿Qué tenía que ver su reina Calafia y la isla California (donde se hallaba su palacio) con ese pueblito otrora (o quizá ya no tan otrora) mexicano? Nadie sabe.

Ahora bien, no solo la mitología greco-romana y medieval fue volcada como una realidad en las tierras “descubiertas” por Colón. América Latina, además de enriquecer los conocimientos, usos, costumbres, cocinas, formas artísticas e ideas humanísticas, ha prestado un servicio paralelo, acota el autor, que es el de “materializar sus fantasías religiosas e ideológicas, encarnando los paraísos que anhelan o los infiernos que los espantan”.

Otro ejemplo claro fue la Revolución Cubana, paradigma y orgullo de los comunistas europeos, en su momento, como Debray. Sartre también ensalzó la imagen mítica de los hechos. Claro, unos cuantos guerrilleros avezados habían logrado lo que ellos jamás iban a poder hacer. Muy pocos levantaron su voz de protesta y me atrevería a decir que muy tarde. El mismo Sartre se levantaría en contra de la represión cultural en Cuba, nueve años después de su visita a la Isla. Lo sorprendente es que aún en la actualidad existen personas que se resisten a ver la realidad tal y como es. Por ejemplo, Ignacio Ramonet, director del diario “Le Monde Diplomatique” o los amigos que comentan acá en la barra lateral, cómo no. Personajes que avalan y promueve prácticas que ni ellos mismos aceptarían en su propio país.

Latinoamérica ha sido considerada por años el patio trasero de Occidente y el campo de tiro de poderosísimas armas sociales como el fanatismo y el racismo. Es el caso del asentamiento alemán “Nueva Germania” en Paraguay, conformado por cuarenta familias “arias” que migraron a tierras latinas con miras a preservar su raza.

Esa mitificación del continente ha tenido efectos diversos en la sociedad latinoamericana. El escritor afirma: “Encarnar la ficción para el otro ha producido una curiosa secuela: muchos latinoamericanos han adoptado esas imágenes retocadas de sí mismos (…) y, en vez de encarar su propia realidad, la han recreado de acuerdo a modelos y mitos importados”.

Si solo nos referimos a la literatura, todo bien. Uno es libre de escribir lo que sea. Sin esta mitificación del continente jamás habría existido un Rulfo o un García Márquez, ambos padres del realismo mágico. El problema es trasladar la mitificación al pensamiento colectivo alimentando así las diferencias y los peligrosísimos nacionalismos que tanto daño le han hecho a la unidad del continente.

¿Y quién alimenta, claro que en menor grado, esta mitificación de América? El famosísimo Michael Bond, inocente se tener este prejuicio occidental en la cabeza, pero culpable de no investigar un poquito más antes de escribir. En primer lugar, el único oso que existe en Perú es el Oso de Anteojos, eso quiere decir, que lo sacaron o del Parque de las Leyendas o del Zoológico de Huachipa (como sugieren de manera jocosa en el portal utero.pe); pero no me vengan a decir que ese osito salió “de los oscuros bosques de Perú”, pues. En fin, ese no es el problema, ya sabemos que no es tu culpa, Michael, que la gente no tenga más información del Perú que la idea de que es oscuro y lejano y lleno de bosques.  Y eso que fue escrito en 1958, imagínense cómo describiría Bond al Perú, si hubiese comenzado sus cuentos hace un año. ¿”Los oscuros bosques de Perú donde se come rico”?

Para mí lo grave está en que PromPerú promocione al país con la imagen del inmigrante. Sí, el osito que tuvo que huir de su tierra para buscar mejores oportunidades. ¿El British Dream? No, pues señora ministra Magali Silva está usted muy equivocada. Es incongruente promocionar el turismo del Perú con la historia de alguien que se fue de él. Está tan mal que ustedes mismos se han dado cuenta y han querido darle un giro poco original. ¡El Osito Paddington regresa al Perú! ¿Dónde, cuándo y cómo? ¿Lo escribió Bond? ¿Es la secuela de la película? Señores, es un manotazo de ahogado. La idea global de Paddington es que es un inmigrante. Tierno, lindo, cariñoso, pero inmigrante. ¿Esto qué sugiere? Que de donde rayos haya migrado, a ese país está mal. Punto. Vayan a hacer bien su trabajo. Lo que ustedes han hecho se llama oportunismo. No estoy en contra del fomento al turismo, al contrario, bienvenido sea; pero yo como peruano quiero que cuando un turista venga, lo haga con ideas reales de lo que encontrará (literatura, arte, realidad social, historia política, gastronomía cómo no, arqueología, orografía, geografía, geología, teatro, cine, arquitectura, tradición, modernidad) y no creyendo que ha aterrizado en el “oscuro” país del nunca jamás.