Para la pandemia: ¿Un Estado supranacional?, por Raúl Bravo Sender

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De antemano debemos afirmar que la constitución de un Estado supranacional puede socavar a la soberanía de los estados nacionales. Sin embargo, en el actual contexto de la pandemia del COVID-19 algunas voces vienen demandando la dación de una Constitución global con el propósito de que una suerte de “Leviatán Universal” ponga orden en medio del caos. La idea puede ser tentadora pero al mismo tiempo constituir una amenaza a las libertades individuales.

Hoy, nos encontramos en una coyuntura en la cual las organizaciones internacionales no constituyen estados supranacionales por cuanto los estados nacionales aún conservan sus respectivas soberanías. Quizás el modelo europeo de soberanía compartida pueda constituir una transición hacia la consolidación de dicho Estado supranacional.

Sin embargo, debe tenerse presente que el nacimiento de un Estado implica un acto constitutivo que modernamente se produce con la dación de una Constitución. Y el poder constituyente para realizarlo recae en el pueblo, el cual convoca a una Asamblea o Congreso con facultades constituyentes para tales efectos.

Un orden en el que prime la fuerza por sobre la razón es una idea que apuesta por dotar de mayor rango de acción al individuo en el orden internacional, pues habitualmente es socavado en sus derechos por los estados. Por ello las guerras siempre se han basado en la premisa de considerar a los Estados como los únicos sujetos del derecho internacional.

Es vital pues reconocerle al individuo todas las herramientas legales que le permitan defenderse en el ámbito internacional de las arbitrariedades estatales. Y los límites legales al poder constituyen un freno a tales excesos en reguardo de los derechos individuales. En esta básica idea se justifica la consolidación de un orden jurídico supranacional.

Sin embargo, la posible constitución de un Estado supranacional no puede darse desde arriba sino desde abajo. Y a este nivel opera el comercio, el cual termina integrando a las personas, pues el mismo no entiende de banderas ni de morales. Se trata de un proceso que unifica los usos y las costumbres y, a la larga, crea espontáneamente un derecho consuetudinario que encuentra eco en la legislación oficial. Escenario espontáneo del cual puede emerger dicho orden jurídico garante del orden.

Y lo más importante para el concierto internacional es que el comercio es una herramienta para evitar los conflictos y las guerras. En efecto, mientras los políticos hacen la guerra, los comerciantes hacen la paz. El comercio y los derechos humanos son las bases del Estado supranacional. Sin embargo, es cierto que hoy los estados nacionales constituyen obstáculos para el libre comercio y también son los principales vulneradores de los derechos humanos. De otro lado, puede seguirse apostando por un régimen competitivo de Estados bajo el cual los mismos continúen legislando en función a sus respectivas soberanías y, en esa medida, acogiendo a una mayor cantidad de personas precisamente por las condiciones favorables que les ofrezcan y garanticen para sus desarrollos personales.

De esta manera los ordenamientos jurídicos (los derechos nacionales) entran en competencia y las personas pueden optar en regirse por aquellos derechos estatales que les provean más beneficios que costos. Lo cual implicaría continuar con el actual orden internacional basado en la convivencia de estados nacionales.

Hoy, como se ha precisado, en medio de la pandemia del COVID-19, se han levantado algunas voces que pretenden legitimar la constitución de un Estado supranacional capaz de actuar en medio de la crisis y la emergencia sanitaria, lo que implicaría el traspaso o cesión por parte de los estados nacionales de sus respectivas soberanías a este nuevo Leviatán. Pero debe tenerse presente que ello necesariamente tendría que darse por medio de una Constitución pues es la partida de nacimiento de todo Estado.

Más que un Estado supranacional debemos inclinarnos por un orden jurídico que respete y garantice la pluralidad de naciones, etnias, razas y culturas, que tutelando al individuo frente a los abusos del ejercicio arbitrario del poder.

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