Parecido intergaláctico, por Daniel Masnjak

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“Con el fin de garantizar nuestra seguridad y continuar la estabilidad, la República será reorganizada […] para tener una sociedad segura y protegida”. ¿Fujimori anunciando que disolverá el Congreso? No, es el canciller Palpatine en el episodio III de Star Wars, después de que se le concedieran las facultades especiales que utilizaría para instaurar un orden imperial. Un grupo de planetas y gremios empresariales había iniciado una guerra separatista contra la República Galáctica, a raíz de que esta les impuso una serie de tributos. Conforme la guerra fue avanzando, el Senado Galáctico fue cediendo poderes a Palpatine para evitar que las decisiones militares se vieran truncadas por debates entre políticos. Las facultades del canciller fueron aumentando hasta que fue suficientemente poderoso como para disolver el mismo orden republicano.

Si, la justificación fue bastante similar a la del autogolpe de Alberto Fujimori. Curiosamente, al anunciar Palpatine la desaparición de la democracia en nombre de la seguridad, la reacción fue similar a la que se generó en el Perú tras el 5 de abril de 1992. El golpe fue secundado por la opinión favorable de la mayoría. “Así muere la libertad, con un fuerte aplauso”, dice la senadora Padme Amidala en la película de George Lucas. Ahora, para ser justos, Palpatine y Fujimori se diferencian en que el primero estaba detrás de la guerra separatista. Fue él quien, en secreto, dirigió la violencia que le sirvió para justificar el acaparamiento de poder. Ese no es el caso de Fujimori, quien no era responsable por las acciones de Sendero Luminoso y el MRTA.

Otra diferencia es que los poderes del canciller Palpatine fueron cedidos por el Senado Galáctico, mientras Fujimori los obtuvo disolviendo el Congreso. En ese sentido, el ascenso de Palpatine se parece más al de Adolf Hitler. El führer obtuvo la sus poderes especiales en 1933, cuando el Reichstag aprobó una Ley Habilitante que le cedía facultades legislativas. Estas fueron utilizadas para emitir el conjunto de medidas conocidas como Gleichschaltung, las leyes que moldearon la estructura totalitaria del Tercer Reich. En los tres casos se ve cómo la decepción producida por el sistema, sea la clase política peruana, la República de Weimar o el Senado Galáctico, deriva en que se aplauda el sacrificio de la libertad y la democracia en nombre de la seguridad o de una supuesta “verdadera democracia”, como suelen proclamar los chavistas.

Pero hay otras cosas en Star Wars que suenan conocidas a los peruanos. Coruscant, capital de la República y luego del Imperio Galáctico, se caracteriza por la pérdida de las calles, el espacio público por excelencia. “Desaparecieron físicamente de la superficie del planeta y sólo se encuentran en los bajos fondos de la megalópolis donde los pobres se esconden en sus tugurios”. Se puede suponer que posiblemente sean también focos de desorden y delincuencia. El que puede vive alejado de esa realidad, de edificio en edificio, movilizándose en vehículos voladores, sin poner un pie en la acera y sin que la autoridad haga algo por recuperar el espacio público.

Y si la República Galáctica no puede controlar las calles de su capital, menos puede controlar territorios lejanos como Tatooine, planeta donde el pequeño Anakin Skywalker creció como esclavo. Tal como la República del Perú no controla las calles de su principal puerto ni es capaz de enfrentar eficientemente la trata de personas o el negocio de la prostitución infantil que se genera en la selva en torno a los campamentos de minería ilegal. También suena conocido el hecho de que las autoridades traten con organizaciones criminales o informales para sostenerse en el poder, tal como hace el Imperio al tratar con caza-recompensas y contrabandistas.

Finalmente, la unidad política de la galaxia afronta el problema de la pluralidad de culturas e intereses, entre los cuales hay tensiones muy fuertes que llegan a derivar en violencia. Se entiende la existencia de las tensiones, pero estas no se canalizan apropiadamente y la violencia que generan imposibilita la convivencia. Parece que la comunidad galáctica se rige por la misma máxima que la filósofa Gisèle Velarde ha identificado en la sociedad peruana a raíz de la disminución de lo que ella denomina “autoritarismo tradicional”. La fórmula es: “Yo (cada uno) me siento autorizado para hacer cualquier cosa”.

Como en Star Wars, la autoridad está resquebrajada y hay cada vez mayor acceso a medios que le permiten a uno hacer lo que le da la gana (armas, medios de comunicación). Es así que los separatistas construyen su ejército de droides y se creen autorizados a invadir Naboo. Es así que organizaciones criminales se arman y se creen autorizadas a cobrar cupos. Más poder, pero sin responsabilidad. Y entonces aparecerá otro Palpatine a prometernos una sociedad segura y protegida.