¿Partidos con ideas?, por Daniel Masnjak

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Cuando se le ha preguntado a Lourdes Flores sobre el porqué de la Alianza Popular, sus respuestas casi siempre han iniciado con una aclaración: “No hemos dejado de ser lo que somos ni renunciado a pensar como pensamos”. Ese es uno de los principales activos que quiere ofrecer la propuesta de cogobierno que encabeza Alan García: que ellos piensan, que los partidos que conforman la alianza tienen doctrina. Sin embargo, la idea no ha pegado y una de las explicaciones es que para muchos no es tan claro que sin instituciones, sin “buena política”, no llegaremos a ningún lado.

Pero si esa fuera la única explicación, la falta de éxito de la Alianza Popular en las primeras encuestas se reduciría a un problema de docencia y estrategia electoral, subsanable si se replantea la campaña. Ellos saben que su propuesta aún no se posiciona y por eso la última columna de García en el espacio que El Comercio está brindando a los candidatos, estuvo dedicada a explicar la relación entre institucionalidad y cotidianeidad. Pero el problema va más allá de eso. La alianza no solo tiene como reto convencer a los electores de la necesidad de una Política “con P mayúscula”, también debe convencer de que ellos la representan.

Parece que no lo tomaran en cuenta lo suficiente y eso se nota ante la ausencia de una posición conjunta sobre temas en los que la visión que uno tiene del ser humano, el famoso aspecto doctrinal que supuestamente distingue al APRA y al PPC, entra en juego. La Alianza Popular no tiene postura oficial sobre el aborto ni la unión civil, solo sabemos que reafirman que el bienestar y dignidad de la persona humana son el fin de la sociedad y el Estado. Tal vez eso era novedoso en 1978, pero hoy solo equivale a decir que creen en la Constitución.

Cuando más importa la doctrina, cuando más importan las ideas, los partidos que conforman la Alianza Popular se parecen a lo que esperaríamos de los sancochados de Acuña, Kuczynski o Guzmán. Cada candidato al Congreso responde por su lado. Mauricio Mulder está a favor del aborto por violación y Javier Velásquez dijo en la Comisión de Constitución que iba a votar por archivar el proyecto de despenalización solo porque las circunstancias no le parecían apropiadas. Por el PPC, en cambio, Juan Carlos Eguren y Javier Bedoya han jugado un papel importante en defensa del derecho a la vida en los últimos años, el primero en la Comisión de Justicia y el segundo en la de Constitución.

Pero las diferencias no se dan solo por una brecha sin cerrar entre dos ideologías. Dentro de los dos partidos también hay posturas divergentes, particularmente sobre cómo solucionar los problemas que afrontan en nuestro país quienes escogen desarrollar determinados proyectos de vida sin medios que aseguren que en el marco de estos no se generen situaciones de injustica. En el caso de las personas del mismo sexo que hacen vida en común, Mulder está a favor de la unión civil, mientras Jorge del Castillo sería cercano al sector del APRA que está en contra. En el PPC, Eguren y Castro Stagnaro están en contra, mientras Andrea Lanata ha dicho que está a favor, al igual que otros pepecistas que no son candidatos, como Alberto Valenzuela y Carlos Chipoco. Lourdes Flores ha dicho que es un tema de conciencia.

Al margen de lo extraño que es que en el PPC algunos apoyen una solución que genera confrontación, en lugar de buscar una alternativa concertada como señala su doctrina, lo cierto es que el tipo de gobierno que la coalición dice representar no es compatible con su silencio. Si quieren posicionarse como la opción predecible, tienen que decirnos qué ocurrirá en un gobierno de la Alianza Popular. Si las diferencias son irreconciliables, lo razonable sería que su compromiso sea impulsar en los próximos cinco años solo aquellos temas en los que sí hay consenso. Sería acorde con la propuesta de concertación y buena política que quieren encarnar. Pero, incluso si no decidieran tomar ese camino, lo principal es que nos digan qué piensan hacer como gobierno, de lo contrario, no tiene sentido que insistan en que son la opción predecible.

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