¿Partidos políticos o personas?, por Raúl Bravo Sender

Es paradójico en el actual proceso de elecciones generales que se avecina, que la gran mayoría de partidos políticos no tenga candidatos, y que los candidatos no tengan un partido político por el cual candidatear.

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Más allá de que el artículo 43 de la Constitución establezca que el Estado peruano es una república organizada según el principio de la separación, una democracia representativa cuyo gobierno es único, debemos verificar si realmente ello se presenta en la realidad. Nos centraremos en la participación política que se produce cada cinco años al realizarse elecciones generales para Presidente de la República y Congresistas, y cada cuatro para elecciones de autoridades regionales y locales.

Se sostiene que para fortalecer a la democracia es necesario contar con partidos políticos sólidos y representativos. Yo creo que más bien hay que empoderar al individuo común y corriente, a la persona por encima de la organización. Muchas personas bien intencionadas que no se sienten identificados con los partidos formales y por eso no militan en aquellos, quedan fuera de los procesos electorales. No estaría demás ampliar la oferta electoral para que organizaciones de la sociedad civil que no necesariamente sean partidos políticos, como asociaciones o gremios, puedan postular a sus líderes.

Militar en un partido y ganar posicionamiento se ha convertido en una práctica con la que muchos no comulgan. Hay que trepar y ello implica recurrir a una serie de artimañas y estratagemas al interior de la organización: complotar con ciertos militantes para derrocar al adversario interno, ganar aliados tejiendo alianzas con favores de por medio, comprar conciencias y lealtades. Es una práctica que no tiene reparos en recurrir a cualquier medio, pues el fin lo justifica. Y si es necesario desembolsar dinero para asegurarse un número en la lista, siempre habrá alguien que esté dispuesto a patrocinar, pues luego se devuelven los favores. Muchos rehúsan hacer política de esta manera y por ello su aversión a pertenecer a una organización de esta naturaleza. ¿Y por eso tienen que quedar fuera de un proceso electoral?

En efecto, los partidos políticos han terminado monopolizando la participación política de los ciudadanos, pues para ser candidato a Alcalde, Regidor, Gobernador Regional, Consejero Regional, Congresista o Presidente y Vice Presidentes de la República, el requisito es postularse por medio de uno de ellos. No hay otro medio o vehículo. Y las reformas políticas de las que tanto se ha venido hablando, lo único que han promovido es ir cerrando el círculo entre los partidos políticos formales existentes, elevando las vallas y los requisitos de permanencia y acceso a la política formal.

¿En qué se han convertido hoy en día los partidos políticos? Algunos se encuentran cuestionados y considerados como organizaciones criminales en investigaciones penales. Otros se han quedado en el tiempo y han perdido representatividad en la sociedad. La gran mayoría simple y sencillamente se constituyen como organizaciones para llevar a un candidato y luego terminan desactivándose. Incluso otros tantos tienen la genial idea de colocar como sus denominaciones las siglas del nombre de sus líderes o candidatos.

Es paradójico en el actual proceso de elecciones generales que se avecina, que la gran mayoría de partidos políticos no tenga candidatos, y que los candidatos no tengan un partido político por el cual candidatear. Como en las temporadas en las que los clubes de fútbol cierran los libros de pase de futbolistas, en las últimas semanas hemos visto como es que algunos potenciales candidatos presidenciales, casi antes que cierren los plazos, se han inscrito en partidos políticos. Esta realidad confirma dos cosas: por un lado que los partidos permanecen en una crisis de representatividad y de legitimidad, y por otro lado que las candidaturas siguen siendo caudillistas y personalistas.

Finalmente, el exceso de candidatos también obedece a otro elemento característico de la pintoresca política peruana: la presencia del outsider, mesías o caudillo. Esa patológica vocación de muchos candidatos que se sienten predestinados, desde la cuna, a ser los salvadores de la patria. No contribuyamos a ensanchar el ego de estos personajes. Recordémosles que no tienen poderes sobrenaturales y que son tan mortales como el resto de ciudadanos.

 

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