Pasos para reconocer a un mentiroso: Pedro Castillo, por Jonathan Sepúlveda

«El mitómano es alguien que busca su propio beneficio. No le importa rodearse de sentenciados por corrupción y otras personas que también presenten dicho comportamiento si de esta manera logrará su cometido. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia».

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La psicología establece que una persona dice, en promedio, entre diez a doscientas mentiras por día. Quizás pensaste en alguien al momento de leer la oración anterior. Si es así, probablemente te encuentras ante la presencia de un mitómano, es decir, un mentiroso patológico.

¿Por qué es importante que sepas esto? Pues porque en la vida construimos o destruimos relaciones todos los días, y es fundamental que los vínculos que formemos estén basados en la verdad. ¿Te gustaría que alguien te mienta en la cara y luego haga lo contrario a lo que te dijo?

Para contrarrestar eso, deseo mostrarte unas características que todo mitómano presenta y puede aplicarse en políticos. Estos rasgos fueron establecidos por el psicólogo suizo Anton Delbrueck, quien dedicó la mayor parte de su trayectoria al estudio de la mitomanía.

Suele ser una persona que adorna su vida de manera deliberada. Cuenta anécdotas o historias: ser un profesor campesino, que sabe lo que es el trabajo duro y está libre de cualquier lazo con la corrupción, cuando en realidad es un empresario constructor, un docente sin cátedra desde hace, por lo menos, 4 años. Asimismo, es la careta de un partido político ligado a organizaciones criminales.

El mentiroso patológico tiene la capacidad de distinguir lo real de lo falso. Esto le sirve para detectar si otro reconoce sus mentiras, por lo que recurre a cubrirse la espalda con un contexto real, como el hecho de tapar la falta de enseñanza a través de la huelga magisterial.

Otra característica es el cambio de humor y/o la contradicción. Cuando este percibe que la mentira no está surtiendo frutos, modifica su estado emocional o se contradice sin vergüenza. Por ejemplo, decir que cerrará las importaciones y que se revisarán los contratos del Estado con las transnacionales, para luego estar a favor del libre mercado.

Finalmente, uno miente porque le sirve como mecanismo para compensar su baja autoestima, quizá por no lograr las metas esperadas o incumplir las expectativas de otras personas. Un acontecimiento clave fue postular a un concurso público para ascender en la escala magisterial, pero no rendir – ni siquiera presentarse – al sentirse incapaz de hacerlo bien.

En conclusión, el mitómano es alguien que busca su propio beneficio. No le importa rodearse de sentenciados por corrupción y otras personas que también presenten dicho comportamiento si de esta manera logrará su cometido. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

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