Patriotería barata: cuando el deporte institucionalizado afecta tanto como la religión, por Henry Llanos

«El futbol peruano es instrumentalizado por las fuerzas políticas de turno igual que las religiones institucionalizadas. Es el precio por ser popular..»

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Las creencias espirituales y los deportes, en sí mismos, no son perjudiciales. Creo que la gran mayoría estaríamos de acuerdo en eso. Es más, los deportes son una forma divertida y comunitaria de desarrollar habilidades, inteligencia y mantener una óptima salud. Para unos conforma el sentido de su vida, para otros una fuente de sana admiración hacia los deportistas más hábiles. El problema se da cuando uno de ellos se institucionaliza, se transforma en el “normativo”, tiene mayor financiamiento sobre todos los demás, es el único que brilla y se convierte, por ello, en herramienta política, fuente de consumismo y detonador de violencias que llegan a ser hasta justificadas (como veremos ahora).

En el Perú tenemos todos estos defectos, tanto en la espiritualidad como en el deporte. Tenemos una religión que se normaliza, copa todo el sistema educativo del país y es financiada millonariamente por el estado peruano (no sólo con dos millones anuales como afirman algunos). Y también tenemos un deporte del cual ahora pretenden que gire nuestra identidad nacional por haberse normalizado y politizado: el fútbol masculino.

Debemos recordar que el futbol masculino (a diferencia de la Iglesia católica) no es auspiciado económicamente por el estado peruano, pero tiene problemas de corrupción internos con los cerca de 50 millones de dólares anuales que recaudan los negocios que giran en torno a él. Ya el anterior presidente de la Federación Peruana de Fútbol (FPF), Edwin Oviedo, fue encarcelado por dichas causas.

La excesiva atención del peruano promedio a la versión masculina de este deporte hace que otras disciplinas deportivas sean invisibilizadas y estén en situación de precariedad. Además, el futbol peruano es instrumentalizado por las fuerzas políticas de turno igual que las religiones institucionalizadas. Es el precio por ser popular.

Pero, no todo queda allí. Con el arribo de la selección argentina y su estrella Messi, se han desatado fuerzas intolerables que nos pintan de cuerpo entero. Se pretende demonizar las diferentes preferencias del peruano que consume este deporte y unirlo a un sentimiento de identidad nacional, como si una selección de un deporte cualquiera fuera el Perú mismo. Además de justificar la violencia desatada por los frustrados elementos de la selección nacional de los cuales no tenemos la culpa por su mal desempeño al trabajar en equipo.

Para muestra, en la imagen de arriba (de los muchos que están circulando en las redes similares) se dice “el que no quiere a su selección no quiere a su madre”. ¿Qué ridículo no? Que unos tomen demasiado en serio a la selección de su país no quiere decir que TODOS debamos hacerlo, ni siquiera a los que les gusta ese deporte. Nadie tiene el derecho de normalizar los sentimientos y sus manifestaciones respecto a un deporte, como lo intenta hacer este posteo. Más deprimente es llorar porque los otros no sientan igual a ti: ESO SI ES PATÉTICO.

Es el problema cuando se arma un relato de “identidad tribal” alrededor de un simple juego: la “lógica” del hincha futbolero. Esto conlleva a la violencia entre distintas tribus, como la que vemos siempre luego de los partidos de las copas nacionales. Hasta hay muertos incluidos, como ocurrió en la avenida Cuba el 20 de octubre del año pasado.

Y muchos dirán “ese no es el verdadero espíritu deportivo”, pero, ¿A qué lleva el intento de normalización de una identidad patriotera ridícula armada alrededor de un sentimiento de pertenencia tribal por un equipo?

Por último, la gota que colmó el vaso: un seleccionado, que funge como portero, destruyendo la propiedad privada de un joven que hizo algo que le disgustó. Si bien entrar a la cancha de futbol para interrumpir un evento deportivo es una falta (no un delito), hay personal de seguridad que se encargará de retirarlo de forma reglamentaria: sin afectar su integridad ni la de sus pertenencias ¿Con que derecho este sujeto se atreve a destruir propiedad ajena? ¿Quiere desfogar su frustración en las pertenecías de un pobre muchacho menor de edad?

Lo más penoso de todo es que existe un grupo grande de gente que lo justifica, incluido un comentarista deportivo peruano llamado Eddie Fleischman, quien en un video expresa con mucha vehemencia la posición impolíticamente correcta de apoyar al violento arquero para ganarse el respaldo de los hinchas más vehementes.

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