#PerraPorFavor (?)

1.254

Navegaba por Facebook el día de ayer cuando me topé con un artículo titulado “¿Feminista tú?”. Al terminar de leerlo quedé perpleja. No sé si lo que más me sorprendió fue la manera altiva en la que el artículo está escrito, refiriéndose a mujeres feministas como “mujercillas” y “attention whores”; o las peculiares, por decir lo menos, reflexiones que se expresaron respecto al tema.

La autora comienza el artículo clasificando al feminismo como una de las “pequeñas luchas” que existen en la actualidad. Llamar al feminismo una pequeña lucha es pecar no solo de ignorancia sino de falta de criterio y noción de lo que esta revolución, porque así es como debe ser considerado el feminismo, ha logrado tras años de lucha por la igualdad de género y la reivindicación de la mujer en la sociedad.

Establece, además, que para ser feminista de verdad, lo único que necesitas es utilizar el Internet que tienes a la mano, conocer todas las corrientes y solo así podrás proclamar en todo tu derecho que te consideras feminista. Ser feminista no significa haber leído todos los libros, publicaciones y artículos escritos acerca del tema y poder definir de qué rama exacta es tu pensamiento. Si es así, en buena hora, pero exigir esto es ingenuo e incluso hipócrita. El común denominador dentro de las ramas mencionadas es el estar comprometido o comprometida con una lucha diaria dedicada a combatir la desigualdad y la violencia que existe contra la mujer en nuestra sociedad. Es tomar conciencia de cómo se reproducen discursos opresores y generar un cambio desde nuestras acciones cotidianas.

Después, la autora del artículo hace una peligrosa afirmación: señala que yo, “limeña, clase media, educación universitaria” no debo tener la necesidad de conocer mis derechos y no debo desear sentirme empoderada. Tomar por hecho que la clase social, educación y proveniencia deba definir si es que a una mujer le deba o no urgir conocer sus derechos y sentirse empoderada llega a ser casi perverso. Todas las mujeres estamos en nuestro derecho de ello, sin importar de qué provincia seamos, a qué sector económico pertenezcamos y la clase de educación que tengamos. El encontrarse en una situación de vida favorable no debe significar desentendernos de las luchas que buscan la reivindicación ya sea de las mujeres, de las clases oprimidas, de la comunidad LGTBIQ. Ni tampoco desentendernos de nuestro rol como agentes de cambio dentro de la sociedad. Esa afirmación refleja un problema crucial de nuestro país: el que las élites desatiendan las luchas existentes por el hecho de encontrarse en una situación de poder, cuando debería de significar todo lo contrario. Por otro lado, decir que no se puede hablar de feminismo como movimiento y describir a este como desarticulado y obsoleto por el simple hecho de que las mujeres somos diferentes y tenemos diferentes intereses, implicaría que la existencia de cualquier otro tipo de movimiento o ideología fuera imposible. Claro que somos diferentes, pero, ¿acaso eso significa que no podemos luchar por los mismos ideales? Justamente está ahí parte del mérito de los movimientos: van más allá de las diferencias y producen una unión humana forjada sobre los ideales que se persiguen.

No me considero una gran conocedora del feminismo, en lo absoluto, pero creo que no hace falta serlo para darse cuenta de que lo que establecía el artículo en mención no se acercaba ni un poco a la lucha real que las mujeres y hombres feministas enfrentan día a día. En una sociedad machista como la nuestra, donde la mujer es víctima de violencia psicológica y física diariamente y de manera sistemática en sus diferentes manifestaciones, es casi un deber ser feminista. Esto no implica necesariamente radicalidad, algo que muchos critican del feminismo, sino más bien una búsqueda por la igualdad. Dentro del feminismo existen múltiples identidades, pero dentro de esa diversidad existe un reconocimiento de la misma, así como un compromiso social y político con la pluralidad. Está en nosotras y nosotros tomar esta pluralidad de manera que el feminismo se enriquezca y permita generar nuevas visiones y propuestas de lucha.