Perú: El (falso) paraíso neoliberal, por Gonzalo Ramírez de la Torre

"Decir que el Perú es un paradigma de libertad económica y facilidad para hacer negocios es una patraña".

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Si nos guiásemos por los diagnósticos que hace la izquierda de la realidad nacional, nadie podría culparnos si creyésemos que el Perú es un paraíso capitalista. Se habla, pues, de que la libertad otorgada al mercado es desmedida, de que el Estado ha sido reducido a su mínima expresión y que la consecuencia de todo esto ha sido, durante los años de vigencia del modelo económico, el aumento de la desigualdad y la pobreza. Pero todo esto es falso.

Para empezar, es cierto que la Constitución de 1993 redujo el papel del Estado en la economía y le otorgó un mayor papel a la iniciativa privada como motor para el desarrollo económico. Sin embargo, aunque lo consagrado en la Carta Magna nos ha permitido crecer y reducir la pobreza como nunca en nuestra historia, aseverar que en el Perú se vive algo cercano a una utopía libertaria es una mentira desvergonzada. Toda vez que hay muchos campos en los que, en comparación con otros países, estamos a años luz de lo ideal.

El Índice de Libertad Económica del Hertiage Foundation, por ejemplo, nos coloca en el puesto 51 de 180 países, y nos pone bajo la categoría de “moderadamente libres”. Muy por debajo de lugares como Nueva Zelanda (3), Australia (4) y Suiza (5) e, incluso, muy detrás de algunos países descritos como “socialistas” por algunos izquierdistas entusiastas, como Dinamarca (8) Canadá (9), Holanda (14) y Suecia (22).

Por otro lado, en el Reporte de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, el Perú de desempeña de manera bastante pobre para un país supuestamente entregado ciegamente al ‘neoliberalismo’. En un ranking de 141 economías, obtenemos el puesto 108 en el indicador que evalúa los efectos disruptivos de los impuestos en la competencia, en el 134 en el que concierne a la flexibilidad para contratar y despedir (nuestro sistema laboral es sumamente rígido), 134 en el que aborda la eficiencia de nuestro sistema legal para solucionar disputas y en el 128 en el que califica la carga de nuestra regulación estatal. En esta última materia, países como Finlandia (7), Suiza (8), Alemania (15), Canadá (38), Dinamarca (42) y Suecia (49) nos llevan muchísima ventaja.

Asimismo, en el referido informe, bajo el indicador de dinamismo para los negocios, estamos en el puesto 81 en el costo para comenzar una empresa y en el 111 en lo relacionado al tiempo que toma hacerlo. De acuerdo con el reporte, nos toma 24,5 días en promedio lograr lo que en Chile toma seis, en Colombia once y en Nueva Zelanda 0,5…

En suma, decir que el Perú es un paradigma de libertad económica y facilidad para hacer negocios es una patraña. Como también lo es que la moderada libertad económica gozada desde los 90 haya generado más problemas que los que contribuyó a solucionar.

Sí, los grandes empresarios son más ricos hoy de lo que eran antes y sí sus fortunas no han dejado de crecer. Pero mientras la fortuna de Carlos Rodríguez Pastor –el hombre más rico del Perú– se duplicaba del 2012 al 2019 (según “Forbes”), en el mismo periodo 5,6% de peruanos dejaron la pobreza. De hecho, es harto conocido que bajo el actual modelo económico la pobreza se ha reducido de manera dramática, pasando de afectar al 58,7% de la ciudadanía en el 2004 al 20,2% el año pasado. Al mismo tiempo, la desigualdad expresada en el índice de Gini también se ha reducido.

En todo caso, es evidente que hay medidas que deben tomarse para mejorar el desempeño del país y mucho tendrá que ver con fortalecer aquello que nos ha venido funcionando, con el objetivo de acercarnos a los países más desarrollados. Ello será especialmente relevante ahora que mucho de lo avanzado en los últimos años se habrá revertido como consecuencia de la pandemia del COVID-19 y ahora que nuestras debilidades están más claras que nunca (especialmente en lo que concierne a los servicios públicos pobremente administrados por el Estado a pesar de recibir cada vez más dinero en impuestos).

Pero no, el Perú no es un paraíso ‘neoliberal’ y tampoco está peor hoy de lo que estaba antes de la Constitución de 1993. Al contrario.