Perú post-Brexit, por Bruno Carranza

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Es difícil analizar las consecuencias del Brexit para el mismo Reino Unido y el resto del mundo (Perú incluido) sin hacer la propia separación entre los argumentos políticos, económicos y comerciales. A pesar de entender profundamente la solidez de las razones (sobre todo políticas y sociales) de más de la mitad de británicos, de cara a esta parte del mundo, esta no es una medida para celebrar.

No han pasado cien años aún desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, que propició la cohesión de Estados hacia lo que hoy conocemos como Unión Europea, un esfuerzo de integración que hoy ya se ve desgastado. El Reino Unido es (pues oficialmente sigue perteneciendo) uno de los países más importantes de este bloque, no solo por su fortaleza económica sino institucional. Sin embargo, hay razones de sobra para entender lo que ha motivado el Brexit y pasan fundamentalmente por el temor de muchos de sus habitantes a perder el control sobre sus propias fronteras y su completa soberanía, así como el análisis costo-beneficio que acarrea el entenderse como país rico subsidiando a países que no lo son. La mayoría de sus votantes no han sido personas de ultra-derecha, como se ha repetido en muchos medios, sino personas mayores que vieron su antiguo reino y luchan por recuperarlo. “Make Britain great again”, dirían algunos republicanos al otro lado del océano.

Pero aquí vienen las razones en contra de esta salida, sobre todo viéndola desde nuestra perspectiva. Con esta medida, no veo casi ninguna consecuencia positiva para el Perú ni económica ni comercialmente.

En primer lugar, si la libra cae, el dólar se fortalece. Y si el dólar se fortalece, el precio de los commodities –que nosotros exportamos- cae. Perú es uno de los más grandes exportadores de cobre a nivel mundial, cobre que será vendido a menor precio. Es cierto que también exportamos oro y que este tiende a fortalecerse como reserva, pero frente a las ganancias netas que recibimos por el cobre, esto pierde relevancia. Esto sin contar que con un dólar robusto, nuestras deudas aumentan en valor neto –si es que están en esa moneda y nosotros ganamos en soles- y la inflación tiende a aumentar, subiendo los precios de los productos que habitualmente compramos.

Otro punto importante en el que esta medida perjudica nuestra economía es el de la posibilidad de endeudamiento. Los bancos ingleses son, en gran medida, quienes permiten que los nuestros a nivel local puedan ofrecernos mayor financiamiento, pues tienen más plata con la cual trabajar. A partir de esta separación, probablemente surja una recesión que haría más turbulento el contexto financiero mundial.

Las tendencias al ultra-nacionalismo proteccionista no nos benefician, pues somos un país que busca la inversión extranjera como uno de sus principales motores económicos. Es cierto que la inversión británica continuará y no se avecina una fuga de capitales en nuestro país pero, en términos económicos, aquello que dejaríamos de ganar ya constituye una pérdida.

Lamentablemente, las consecuencias del Brexit no son tan nacionalistas como lo fue su origen.

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