Petición Navideña

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Acabó un nuevo año mundialista y los peruanos la pasamos donde más acostumbrados estamos: al frente del televisor con un pisco a la mano. Desde las derrotas con Uruguay y Venezuela por Eliminatorias, los cuestionamientos hacia el entorno que rodea a la Videna llovieron desde varios sectores de la prensa y pseudohinchas. Se luchó con lo que se pudo y, nuevamente, no se llegó al Mundial. Pero, ¿es no clasificar al Mundial el principal problema del fútbol peruano?

La respuesta es sencilla, no. Clasificar a un Mundial de fútbol es la consecuencia de un trabajo serio producto de un sistema bien organizado en todas sus partes: profesional, amateur y menores. Edwin Oviedo fue elegido presidente de la FPF el pasado jueves y los indignados de lo irrelevante -frase acuñada a mi gran amigo Jair Villanueva- se dedicaban a preguntar sobre quién sería el nuevo entrenador de la selección mayor, ya partimos mal.

Se dio el gusto con ‘Chemo’ porque “tenía llegada a los jugadores”, luego con Markarián porque “conocía el medio”. Apenas no se hizo lo que la gente quería (llámese contratar a Bengoechea en lugar de ¿Bielsa?) empezaron las quejas. Y, nuevamente, el problema no es ese.

Una de las mayores causas del mal momento que vive el fútbol peruano es el cortoplacismo que le rodea. Se cree que agitando una varita cual mago (¿Markarián?) se llegará al Mundial y los males se irán. Empecemos por el sistema de campeonato, Torneo del Inca, Apertura, Clausura y la final nacional, levantamos cuatro trofeos en un solo año. Los torneos cortos no premian regularidad, sino rachas. Melgar fue el mejor del año y apenas consiguió el consuelo de llegar a la Copa Sudamericana, es inaudito. Juan Aurich tuvo un buen Apertura y regular Clausura, tirando para malo. Cristal tuvo un mal Apertura y ocho victorias consecutivas en el Clausura. ¿Resultado? Juan Aurich y Cristal jugaron la final nacional.

La Copa Perú es otro tema que va de la mano con el mencionado cortoplacismo. Sonará chistoso, pero uno puede juntarse con un grupo de amigos y en un año estar disputando partidos de Primera División PROFESIONAL, sin haber pasado por el proceso de profesionalización que un club requiere para poder mantenerse en la máxima división. Caso concreto este año con San Simón, un equipo que ascendió a Primera tras superar a Unión Huaral en la Final de la Copa Perú 2013, siendo manejado casi de forma amateur, terminó dando lástima, con futbolistas impagos renunciando a mitad de camino y otros que disputaron el último partido del año poniendo en juego su propia dignidad. Este tipo de cosas ocurren si un club no pasa por el proceso de formalización que ser profesional requiere.

Si nuestros torneos no son serios, ¿cómo esperamos que la selección lo sea y pueda competir con rivales de primer nivel? Si acaso son estos torneos los que proveen el material humano que disputará Copa América y Eliminatorias.

Por eso, desde aquí un periodista e hincha del fútbol peruano le pide al señor Edwin Oviedo lo siguiente: por favor no ejecute el plan inicial de Agustín Lozano de quitarle peso a la Segunda División para entregárselo a la Copa Perú. Este torneo es importante para la masificación y descentralización del deporte, pero debe reestructurarse de manera urgente, no darle más peso del que ya tiene. Y bueno, si decidió rescindir el contrato de Pablo Bengoechea, quien continuaba el trabajo de Sergio Markarián, pues quien llegue sea alguien con la disposición de trabajar a largo plazo.

A los hinchas y colegas de prensa, paciencia. Digámosle no al cortoplacismo.