Phillip Butters pone el dedo en la llaga, por Federico Prieto Celi

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Phillip Butters puso el dedo en la llaga al entrevistar al doctor Alfredo Alonso Celis López, presidente del Comité de vigilancia ética y deontológica del Colegio Médico del Perú sobre la práctica del aborto en embarazadas con COVID-19. El médico pediatra –esa es su especialidad– fue claro en afirmar que el niño nace sano, aunque la madre esté enferma, negando la práctica del aborto.

Aclaración muy importante para el ministro de Salud, Víctor Zamora, declarado partidario de la ideología de género, que incluye el aborto como práctica usual, desconociendo que se trata de un crimen horrendo, delito vigente en el Perú, aunque esté despenalizado.

En consonancia con una mentalidad abortista, la directiva sanitaria 094- MINSA/2020/DGIESP del 22 de abril, en su acápite 6.3.14, pide evaluar “finalizar el embarazo, en cualquier momento, en caso de que se encuentre en riesgo la vida de la gestante infectada por el covid-19” lo que si bien está en la misma música que la norma sobre el embarazo terapéutico no suena bien en el contexto de la lucha contra la pandemia, que no afecta a los recién nacidos. El ex ministro de salud Luis Solari ha declarado que es una directiva “totalmente ideologizada” porque “científicamente no tiene que estar aquí”.

El arzobispo de Piura, monseñor José Antonio Eguren Anselmi, el día de la Madre hizo un enérgico llamado a defender la vida porque: “es doloroso constatar que cediendo a presiones ideológicas de ONGs e instituciones pro abortistas, o estando de acuerdo con ellas, el Estado peruano haya firmado el pasado 6 de mayo una declaración conjunta con otros países para promover unos mal llamados derechos sexuales y reproductivos que en verdad enmascaran una estrategia para convertir el aborto en un derecho”.

Recordemos que todas las personas de buena voluntad que participaron en las multitudinarias marchas por la vida organizadas en los últimos años se oponen a una agenda pro-aborto. ¡Suficiente dolor tenemos ya con todas las muertes que están pasando ahora por el COVID-19!

Tanto Vladimir Putin como Donald Trump luchan contra una mentalidad abortista en sus poderosos países. El gobernante ruso ha tomado medidas para frenar la avalancha de abortos, que en las décadas anteriores ha sido una plaga social. Mientras que el presidente estadounidense ha recordado que el dinero de la ONU debe concentrarse en la lucha contra el COVID-19 y a la distribución de alimentos ante una hambruna en las regiones de extrema pobreza. Ese dinero no se debe malversar en promover el aborto.

El pronunciamiento pro vida del gobierno de Washington, mediante Carta del administrador de US-AID al Secretario General de la ONU, del 18 de mayo de 2020, ha hecho patalear al Comité de América Latina y El Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer, DEMUS, Manuela Ramos, Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), Lifs Perú y Flora Tristán, algunas de las cuales reciben dinero de US-AID.

En agosto de 2019, Caretas publicó una encuesta sobre cómo veían el país los peruanos para el año 2029, una década después. Entre las respuestas más llamativas, el 64,4% pensaba que entonces se habría legalizado el aborto. Ello indica que el desaliento en la defensa de la vida humana va cundiendo entre los peruanos, al ver que el ministerio de Salud, contra la voluntad popular, impone sutilmente la expansión de las prácticas abortivas.

Y que según censo de 2018 (CPI) el 72,9 % de los ciudadanos mayores de doce años declaró ser católico de tal manera que es lícito citar el Compendio del catecismo de la Iglesia católica, cuando dice que “la sociedad debe proteger a todo embrión, porque el derecho inalienable a la vida de todo individuo humano desde su concepción es un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. Cuando el Estado no pone su fuerza al servicio de los derechos de todos, y en particular de los más débiles, entre los que se encuentran los concebidos y aún no nacidos, quedan amenazados los fundamentos mismos de un Estado de derecho” (n. 472).

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