Play Boy deja los desnudos y viste a sus chicas, por Aldo Llanos

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Por 62 años se creyó ver en Hugh Hefner a la encarnación del mal con el logo de Play Boy y es que colocar desnudos en las páginas centrales de una revista norteamericana a mediados del siglo XX era sin dudas un acto subversivo.

 Desde el primer número de la revista, impresa en Diciembre de 1953 con Marilyn Monroe como Playmate, Play Boy se posicionó como un referente de la Revolución Sexual de occidente logrando tirajes mensuales que superaban las seis millones de copias.

 ¿Pero qué fue peor que eso?, pues la desmedida reacción que le siguió, que denostando en el fondo el cuerpo humano, llevó a la fama mediática y forró de dólares al entonces joven y transgresor director. ¡Torpes!

 Las razones antropológicas de esta reacción se hallaban en la misma sociedad de cuño protestante de aquel entonces, en la cual, se entendía al hombre como un ser dañado en su naturaleza por el pecado original por lo que todo lo concerniente al sexo y por ende al cuerpo, debía ser objeto de sospechas y recelos. Muy mal, ya que olvidaban que el más malo de los malos: el demonio, no tiene cuerpo -y mucho menos sexo-, mientras que el Hijo de Dios se encarnaba en un cuerpo humano pleno en su sexualidad. De esto se desprende que el mal no está, en primer lugar, poseyendo el cuerpo, sino más bien el alma, por lo que un puritanismo que desprecia al cuerpo y sus goces es mucho más diabólico que un naturalismo transgresor.

 Hefner fue una consecuencia y no un causal de la Revolución Sexual ya que esta se incubó en una sociedad que empezó a negar la benignidad del cuerpo y su belleza provocando un movimiento de respuesta por oposición de tinte teológico. Efectivamente, Hefner elevó el erotismo al nivel de un misticismo narcisista que profesaba el culto al cuerpo pero sin vislumbrar su realización amorosa como vocación. Esta apuesta a la larga ha terminado por agotarse y convertirse en nada.

 El erotismo decantó en pornografía y con la irrupción del internet su acceso se hizo ilimitado. ¿A quién le interesaba ver a mujeres desnudas si podía encontrar cosas más explicitas con tan solo un clic? Con la irrupción del nuevo siglo, el tiraje llegaba con las justas a los cuatrocientos mil ejemplares y la empresa quedaba al borde del naufragio debido a las cuantiosas pérdidas económicas. Hefner tuvo que hipotecar la icónica Mansión Play Boy, lugar en donde se llevaron a cabo las fiestas más desenfrenadas y mediáticas de la farándula gringa mientras se divorciaba por segunda vez. La marca del conejito y su fundador morían lentamente.

 Pero el viejo verde más famoso del mundo, en sus postrimerías pudo entender en donde radicaba su error: haber creído que lo nuclear de la sexualidad es el placer, pero el placer entendido al modo del varón que es falocéntrico. Ciertamente, la sexualidad entendida como placer trepidante y de corta duración es típicamente masculina y en ello radicó el éxito pasajero de Play Boy al estar dirigido a los varones y no a las mujeres para las que el placer no es el fin de algo sino su comienzo. Por ello Hefner y sus colaboradores podrán estar libres de polvo pero no de paja.

 Hefner finalmente ha entendido que si la pornografía por internet masifica y hace perder lo atractivo del cuerpo de una mujer entonces ¡hay que vestirlas!, ya que es mejor recuperar su poder estético que arrojarlo al morbo consumista de una masa de angustiados onanistas. En agosto del año pasado hizo la prueba y lo creyeron loco, sin embargo, su portal digital ha pasado de cuatro millones de visitas a dieciséis millones. ¡Y con chicas vestidas!

 Para mí este es un viraje significativo y una señal de que la Revolución Sexual ya está en proceso de reversión pero esto no debe hacernos olvidar que el desprecio del cuerpo humano, bajo un  supuesto espiritualismo “purista”, reniega del misterio mismo de la Encarnación y sus resultados siempre serán totalmente opuestos a lo esperado.  ¿Cómo la ves?