¿Políticos católicos en el Perú actual?

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Es un hecho que la denominada “clase política” en el Perú sufre desde hace buenos años, un total deterioro en cuanto a su capacidad profesional e intelectual así como en su formación ética o moral. Lo vemos a diario en la prensa escrita, radio y TV. Las crónicas de asesinatos, robos y corrupción son ya rutina diaria de estos “noticieros”, en donde se nos “informa” y presenta, entre otras cosas, toda una relación variopinta de políticos corruptos como congresistas, presidentes regionales, alcaldes, etc. para todos los gustos y colores. Ante este aterrador panorama, llama la atención como desde 1980 muchos candidatos a la presidencia, al congreso u alcaldías, llegan al extremo de ofrecer “honestidad” como parte de su campaña, lo cual debería ser obvio que todo candidato debe ser honesto, probo y estar capacitado para el cargo que aspira. Sin embargo, al margen de la capacitación o competencia técnica que todo político que se precie, debería ofrecer, es clamorosa la falta de formación ética o moral en la clase política actual. Se ha perdido por completo el sentido ético de las cosas, actuando cual veletas a donde les lleve el viento, de acuerdo a sus intereses particulares, dejando al margen el bien común y el interés de las mayorías. Ante este triste y nada motivador panorama, ¿Puede un cristiano católico ser político? ¿Debería serlo de presentarse la oportunidad? Claro que sí. ¿Qué es complicarse la vida? Nadie lo duda, pero que es un deber moral, por supuesto. De lo contrario, vemos lo que estamos viendo: un ambiente de corrupción y primacía de intereses egoístas en detrimento de las mayorías necesitadas.

A principios del 2003, la Santa Sede divulgó un importante documento en donde se establecen diversas normas de comportamiento a través de las cuales se prohíbe, a los políticos católicos de todo el mundo, por ejemplo, el apoyo con su voto de cualquier ley que atente contra la vida. Este documento titulado: “Nota Doctrinal sobre Asuntos Relacionados con la Participación de los Católicos en la Vida Política”, aprobado por San Juan Pablo II y redactado por el entonces cardenal Joseph Ratzinger –hoy Papa emérito Benedicto XVI- comienza denunciando un hecho del que todos de alguna forma hemos sido testigos en nuestro propio país: “Asistimos a ataques legislativos contra la intangibilidad de la vida humana y que no tienen en cuenta las consecuencias sobre la formación de la cultura de los comportamientos sociales para la existencia y el futuro de los pueblos”.

Efectivamente, vemos como algunos países en el mundo -incluyendo las recientes discusiones y propuestas sobre mal llamado “aborto terapéutico” o el aborto para casos de violación en el Perú- vienen promulgando leyes aprobando el aborto, la eutanasia y normas que no respetan al embrión humano y que atentan contra el derecho más sagrado de la persona humana: el derecho a la vida. Estas leyes que erradamente son vistas como “de avanzada” o “progresistas”, son precisamente las que deterioran o destruyen al ser humano, esto es, atentan contra el hombre mismo, creando una “cultura de muerte”. Ante este triste panorama, ¿Cuál ha sido la actitud de los católicos en general en el Perú, y especialmente de los políticos católicos ante temas tan trascendentales? Pues muy variada. Unos están a favor del aborto por ejemplo; otros en contra; y por último, para muchos simplemente estos temas les son indiferentes. Al respecto, el documento en cuestión señala lo siguiente: “Los católicos tienen el derecho y el deber de intervenir en ese proceso, para recordar el sentido profundo de la vida y la responsabilidad que afecta a todos en esa materia”. El documento recuerda lo que el Papa pidió en su momento y en diversas ocasiones “a todos aquellos comprometidos directamente con los poderes legislativos, que tienen la obligación grave y precisa de oponerse a cualquier ley que atente contra la vida humana. Para ellos como para todo católico, existe la imposibilidad de participar en una campaña a su favor, y no se permite que nadie los apoye mediante su voto”.

Llama la atención hoy en el Perú, ver a muchísimas personas que se auto declaran cristianas o católicas, opinando a favor del aborto, de la clonación para fines terapéuticos en donde se experimenta con óvulos fecundados, esto es, con seres humanos; o del “derecho” al asesinato (aborto) del hijo concebido que tendría una mujer que ha sido violada –como si el delito de violación se solucionara cometiendo otro delito: el asesinato del que está por nacer-, entre otros temas; temas todos en donde se atenta claramente contra la vida humana. Respetamos la opinión de estas personas pues vivimos en una democracia, pero no la compartimos. Sin embargo, debe tenerse en claro que si una persona opta por la religión católica y quiere vivir de verdad la fe católica, debe obedecer las normas y reglas de dicha religión, tal como sucedería si fuera musulmán, budista o hinduista, en donde tendría que seguir los mandatos o reglas de dichas religiones, por lo que no podría de ninguna manera estar a favor de los referidos actos que atentan contra la vida humana. Lo contrario significaría una seria incoherencia entre dicha conducta y lo que la religión católica establece.

De allí que, en conclusión, muchas personas viven hoy su propia religión católica “a la medida”, tipo “combo”, según les acomode mejor, una especie de “religión buffet” o “a la carta”, en donde tomo lo que me gusta y dejo lo que no me gusta. Ante esta situación tan crítica, el Papa San Juan Pablo II se vio en la necesidad de preparar el citado documento, a fin de aclarar lo que no debería ser necesario aclarar si un católico es consecuente y coherente con su fe, más aún si es político por la gran responsabilidad que un político tiene ante la sociedad civil. De un lado somos un pueblo mayoritariamente católico que, por ejemplo, sale en el mes de octubre a la calle en procesión con el Señor de los Milagros o celebra con toda la clase política gobernante presente, la Misa de Te Deum todos los 28 de julio. Sin embargo, muchos que se dicen católicos apoyan temas que atentan contra la vida humana contraviniendo lo que establece la Iglesia Católica. En el documento en cuestión, San Juan Pablo II pidió a los políticos católicos ser personas íntegras y coherentes con la fe Católica. De lo contrario tendremos personas de conductas contradictorias –como viene sucediendo hoy- con respecto a sus creencias, normas de conducta y falta de ética, en donde lo mejor sería que optasen por tratar de ser católicos íntegros o simplemente no serlo, pues el punto medio no existe en estos casos. El Papa pide coherencia, algo que hoy cuesta mucho, especialmente a los políticos, pero que de ninguna manera es imposible. Los católicos y todo cristiano que se precie debemos y tenemos que involucrarnos en política si queremos un Perú mejor. De otra manera, con una actitud comodona e indiferente… mejor no nos quejemos de lo que vemos.