Populismo Judicial, por Raúl Bravo Sender

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Más de una semana lleva la audiencia de requerimiento de prisión preventiva formulada por el fiscal José Domingo Pérez contra Keiko Fujimori –y otros implicados-, por supuestamente liderar una organización criminal al interior del partido político que lidera, esto es, Fuerza Popular. Todos los medios: radiales, televisivos, escritos, e inclusive las redes sociales, han enfocado sus lentes en las sesiones de audiencia dirigidas por el juez Richard Concepción Carhuancho.

A estas alturas los anunciantes optarán por poner sus tandas comerciales durante los recesos dispuestos por el mencionado magistrado. O pretenderán patrocinar a la Sala Penal Nacional y sus juzgados. Ya fueron los principales realities y programas concurso de los horarios estelares. Vayan pensando en cambiar de formatos, pues todo indica que las audiencias vendrán como huaico conforme las investigaciones vayan progresando, inclusive con otros cuestionados personajes.

Hoy en día, Carhuancho y Pérez ya son presidenciables. Se han convertido -¿o los han convertido?- en héroes nacionales. Las encuestadoras y los medios los colocan con altos niveles de aprobación. La voz popular los aclama como los justicieros que se la juegan por el país, pues están haciendo lo que nadie antes se había atrevido a hacer, es decir, enfrentarse al fujimorismo en los tribunales de justicia. Hasta han propuesto colocarles sus nombres a calles, avenidas y plazas.

Es increíble como unos desconocidos –hasta hace unos meses-, gocen hoy de la preferencia de la opinión pública. Por ello, no nos llama la atención que el alto porcentaje de rechazo hacia el fujimorismo fuera el mismo que lo colocó en segunda vuelta tanto en el 2011 como en el 2016, otorgándole una amplia mayoría en el actual Congreso. Su liderazgo se funda en una mezcla de irracionalidad, populismo, mesianismo y mano dura, apelando a las frustraciones personales.

Ben Parker, el tío de “Spiderman”, le dijo que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. El fujimorismo tuvo el poder -y la oportunidad- cuando ostentaba una mayoría parlamentaria cohesionada, de implementar las reformas pendientes que urge el país. Desafortunadamente prefirió la innecesaria confrontación con el gobierno, con el cual debía trabajar de la mano. Lo que no significa que renunciare a su mandato constitucional fiscalizador. Hoy, su lideresa llama al diálogo político.

Creo que nunca es tarde. Pero por los antecedentes obstruccionistas, habría que preguntarnos qué tan honesta es. Las señales que podrían ofrecer para dar credibilidad, serían las de dejar de blindar a ciertos cuestionados personajes. Bajar las revoluciones en los calificativos –de ambos bandos-, y establecer una agenda consensuada multipartidaria, bajo el liderazgo político del Presidente como Jefe de Estado, pues deben asimilar la idea de que el pueblo no los eligió para gobernar.

Y dejar que la justicia proceda conforme a sus cauces procesales. En un estado de derecho, cuando los poderes ejecutivo y legislativo sucumben por la política, el último poder que queda para restaurar el orden y la justicia, es el judicial. Desafortunadamente los tribunales se han convertido en circos, pues jueces y fiscales hablan más para los espectadores. Pareciera que trabajaran en función al rédito político que pueden obtener de todo esto, dejando de lado la objetividad.

Esperemos que estos magistrados no se dejen tentar por la momentánea popularidad de la que gozan. A diferencia de los jóvenes jugadores de futbol, que de la noche a la mañana se ven rodeados de aduladores y les gana la inexperiencia, a estos jueces y fiscales hay que recordarles que tampoco son los “todopoderosos”, pues también están limitados en sus funciones por las leyes. Que no se la crean y pisen tierra, pues la sociedad espera de ellos imparcialidad.

Mientras tanto, debiera ir pensándose en establecerse candados constitucionales para que estas turbulencias no afecten el desenvolvimiento de la economía nacional. Los peruanos no tenemos por qué pagar los platos rotos del irresponsable accionar de unos cuantos empresarios y políticos mercantilistas y políticos. Por ello, debemos apostar por la limitación legal de la política.

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