¿Por qué tenemos congresistas que dan vergüenza?

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Desde corruptos, sinvergüenzas, inmorales, hasta vergonzosos comportamientos, es lo que manifiesta la ciudadanía cuando las miradas son puestas en el Congreso de la República. El tema no es lamentablemente de percepciones porque tranquilamente podríamos crear un gran prontuario con las denuncias que llegan semanalmente sobre congresistas que poco tienen de legisladores, fiscalizadores o representes del pueblo. Estamos hablando de gente que utiliza el Estado como chacra pero también de personas como Víctor Grandez Saldaña, quien el último fin de semana fue acusado de estar detrás de la explotación sexual de menores.

Todo eso que parece más propio del lumpen no es más que la pura verdad que se repite cada cinco años cuando los peruanos vamos a las urnas y elegimos a los que supuestamente debieran salvaguardar nuestros intereses.

La mayoría de congresistas son una decepción desde hace varios años. En tiempos de Vladimiro Montesinos dieron vergüenza, pero también en democracia no son menos corruptos. El tema es que los partidos políticos hacen agua, no existe institucionalidad y por ende los candidatos al Parlamento tienen probablemente mucha popularidad en sus regiones pero escasa ética a la hora de representarnos.

El viejo dicho dice que “El pueblo tiene al gobernante que se merece”. La afirmación es cierta. Si el congresista es corrupto, es porque el ciudadano de a pie también es corrupto. Si somos oscuros en nuestras acciones, también lo podremos ser aún más cuando el poder esté de nuestro lado.

Pero el tema no sólo tiene que ver con las faltas éticas de las personas. También tiene que ver con los Partidos Políticos. No se puede elegir como representante a alguien cuestionado. No se puede dar la posibilidad de entrar al Parlamento a quien pone más dinero y hace poco o nada por llevar principios al Legislativo.

No pretendo generalizar. En todos los partidos hay hombres y mujeres honestas, lamentablemente cada vez son menos. El voto preferencial es un desastre para el sistema de fortalecimiento de los partidos. Te doy más dinero para la campaña y me pones en un mejor número. Nada de eso es correcto. El voto preferencial dinamita la institucionalidad democrática, oscurece la posibilidad de hacer campaña para que determinada tienda política llegue con más fuerza a ser gobierno u oposición.

Mucho se habla de que los tránsfugas son únicamente los que por dinero cambian de bancada. Pero tránsfuga también es el que por intereses subalternos deja su bancada y forma otra para atomizar el Congreso.

El voto preferencial debería anularse y debería dejarse sentando que el congresista no es dueño de su curul. Si alguien deja su escaño por razones que no se fundamentan, el Partido debe retener ese curul y designarlo a otra persona que continúe con lo que se fijó como ruta en la campaña.

Por otro lado, los partidos tienen que elegir de manera correcta a sus representantes. No se pueden ignorar los buenos antecedentes y la experiencia a la hora de presentar un candidato a integrar una comisión ordinaria o menos aun cuando se trata de la Mesa Directiva.

La meritocracia no puede ser suplantada por ser amigo o favorito de los grupos de poder. Estamos hablando de que cada político debe escalar una ruta peldaño tras peldaño. Se puede ser por ejemplo concejal de un distrito, luego alcalde del mismo, quizá después regidor de Lima y de ahí tentar una oportunidad en el Congreso. Pero eso lo tienen que ordenar los partidos. Y ahí es claro que se tiene que hacer una reforma electoral. Lamentablemente las legislaturas pasan y no se oye Habemus reforma.

El gobierno de Humala y sus huestes no han hecho nada por mejorar el sistema electoral y definitivamente si siguen con escasa popularidad las esperanzas de hacer algo en este prácticamente año y medio de gestión son nulas. Hubiera sido interesante ver una presidencia de oposición en el Legislativo, lamentablemente las prebendas y la argolla nos pusieron a una presidenta que quizá como mayor logro de su gestión logre la tan ansiada elección del próximo defensor del pueblo.

Otorongo no come otorongo si es que la prensa y la opinión pública hacen presión. Finalmente es pertinente decir que muchas de las llamadas faltas éticas de los congresistas lindan con diferentes delitos y por ello la suspensión de 120 días es insuficiente. Ahí no hay otro camino que el desafuero y la inhabilitación de por vida porque el legislador viene a servir y no a servirse del poder que ostenta.