Presidente Humala, cumpla su trabajo, por Alfredo Gildemeister

721

Cuando el Perú eligió la democracia y el Estado de Derecho como sistema de gobierno, obviamente dejaba de lado otras formas de gobierno como la monarquía por ejemplo. En nuestro caso, el Estado de Derecho otorga al Presidente de la República ciertas facultades y ciertas prerrogativas señaladas claramente en la Constitución Política del Perú. Entre otras cosas, la Constitución establece que el Presidente de la República es el Jefe del Estado y personifica a la Nación. ¿Esto qué significa? Pues simplemente que el Presidente de la República representa a todos los peruanos. Al haber sido elegido democráticamente, ello lo convierte en representante de todos los peruanos –nos guste o no- pues así funciona el sistema. De otro lado, si bien nos representa a todos, como todo representante, está obligado a rendir cuentas de sus actos y decisiones a quien le dio poder de representación.

En una representación cualquiera, una persona poderdante otorga ciertas facultades o poderes de representación a otra persona –apoderado- para que la represente ante terceras personas, estrictamente de acuerdo a las facultades que se le ha otorgado. No puede salirse de dichas facultades y hacer lo que desee, pues ya no representaría a nadie sino a sí mismo. De allí que la representación se limita a las facultades otorgadas, salvo que el poderdante otorgue facultades amplias y generales para que el representante, actúe de acuerdo a su criterio en representación del otorgante.

De allí que un hecho que siempre me ha llamado la atención es la actitud del pueblo peruano hacia su presidente, esto es, como no se le exige o se le encara al presidente su buen o mal actuar como representante de los peruanos. Se le deja hacer, decir, y hasta mentir. Se le hacen críticas sí, pero allí quedan. Cuando se está frente al presidente, no se le dice nada, como si nada pasara. Es más, todos lo quieren tocar o saludar como si de una especie de santo se tratara. Todos los políticos se “chupan” como se diría, de decirle las cosas en su cara. En Estados Unidos y otros países del mundo democrático, al presidente se le encara y se le exigen cuentas firmemente ya que para eso el pueblo de los Estados Unidos paga sus impuestos y ello le da derecho a exigir a su presidente como a los demás funcionarios públicos, que rindan resultados óptimos para el país.

En el Perú debe suceder lo mismo, puesto que tanto desde el Presidente de la República hasta el último empleado de un ministerio ¡Son servidores y funcionarios públicos! esto es, ¡Trabajan para nosotros los peruanos! ¡Y nosotros les pagamos un sueldo gracias a nuestros impuestos! Ello nos da todo el derecho del mundo a exigirle a ese presidente, como a esos ministros, congresistas, jefe de la SUNAT, ESSALUD, etc. –por mencionar sólo algunos funcionarios- a que trabajen bien y a esperar buenos resultados. De allí que como peruanos que vamos a curarnos a un local de ESSALUD, a efectuar un trámite a un ministerio público o cualquier otro servicio público, tenemos todo el derecho a exigir un servicio de primera calidad pues para eso pagamos nuestros impuestos y contribuciones. Lo mismo se le debe de exigir al Presidente de la República: eficiencia y buenos resultados en su gestión. Si miramientos ni falsos respetos. Es su obligación y nuestra responsabilidad exigírselo.

De allí que, faltando menos de siete meses para que deje el cargo para el cual fue elegido, yo como peruano le exijo señor Presidente, a usted como primer servidor público del país cuyo sueldo es pagado por todos los peruanos con mucho esfuerzo, que rinda cuentas de sus actuaciones y decisiones con toda sinceridad; que nos indique en qué estado real está dejando el país y deje de hacer demagogias, proteger a ciertos personajes allegados a usted, evadir respuestas, etc.; es decir, que deje de mentir y afronte el final de su gestión como debe ser. Señor Presidente, los peruanos le exigimos respuestas claras.

Usted dirige aún la política general del gobierno de acuerdo con la Constitución, por lo que lo conmino a que en un mensaje a la nación –y no en cómodas entrevistas coordinadas-, rinda cuentas claras al país, esto es, a todos los peruanos que lo hemos mantenido a usted y a su familia en estos cinco años, más aun encontrándonos ad-portas de un importante proceso electoral. No le deje bombas ocultas a su sucesor. Es su obligación el rendir cuentas y se lo debe a todos los peruanos. ¡La patria se lo exige!

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.