Presidente nuestro, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Algo de discusión ha generado la participación de Pedro Pablo Kuczynski en el Desayuno Nacional de Oración y la consagración que hizo en este a distintos símbolos del cristianismo. Hay quienes critican que el mandatario haya asistido a esta reunión por significar una especie de atentado contra el Estado laico y, por otro lado, están los más conservadores, que creen que lo que ahí pronunció el presidente, por algún motivo extraño, lo conmina a gobernar a partir de un acercamiento cristiano.

Lo cierto es, sin embargo, que cualquier jefe de Estado tiene derecho a suscribirse (o no) a la religión que más le acomode y a nadie medianamente razonable debería importarle si el dogma elegido es el judaísmo, el islam o la cienciología. Lo que sí debería ser motivo de preocupación, empero, es que a partir del credo proferido se pretenda gobernar, en perjuicio de los peruanos que no comparten la religión del presidente.

Esto es, de hecho, lo que algunos conservadores han pensado que la consagración hecha por PPK significa. El portal religioso Aciprensa, por ejemplo, en la nota informativa sobre el evento, sugiere que esto debería implicar un desentendimiento con “iniciativas a favor de la despenalización del aborto, las uniones homosexuales y la ideología de género en las escuelas”, promovidas por miembros de la bancada de Peruanos por el Kambio. Por su parte, Diana Seminario, desde su columna ha dicho que le toma la palabra a Kuczynski.

Esto, naturalmente, sí atentaría contra el Estado laico pues, el que ha sido elegido presidente, tiene que gobernar a pesar de su fe y orientar sus esfuerzos a todos los ciudadanos sin distinciones. Sería un craso error que Kuczynski, inspirado por la consagración hecha en el citado desayuno, empiece a guiar sus decisiones a partir de un tamiz religioso. Las determinaciones hechas por el jefe de Estado deben sustentarse en la realidad nacional y, en medida de lo posible, en un criterio científico, no en uno etéreo y subjetivo.

Claro, los que buscan que el presidente gobierne desde la opción religiosa cristiana dirán que más del 90% de los peruanos se suscribe a esta fe. Sin embargo, si bastara que una mayoría desee algo para que ello se haga seríamos testigos de muchísimos atropellos contra muchísimas minorías. Es falso creer que, justamente, la democracia es meramente el cumplimiento absoluto de los designios de las mayorías. El voto mayoritario no es más que un mecanismo de elección, la democracia, por su parte, es un sistema de gobierno que se sustenta en la defensa de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos sin importar, en este caso, en qué cosa creen.

Un Estado laico se justifica en que, a partir de esa característica, se proteja a todos los ciudadanos, sin sesgos religiosos y en que, al mismo tiempo, se implementen políticas para beneficio de la nación en conjunto. Entonces, Kuczynski es libre de profesar la fe que él prefiera y hacer sus creencias tan públicas como él quiera, empero, más allá de eso, un presidente debe buscar servir a todos y cada uno de los peruanos.

Dicho esto, presidente nuestro, que está en Palacio, confiamos plenamente en que nos gobernará tomando en cuenta la laicidad del Estado del cual es jefe.

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