Presionados, por Gonzalo Ramírez de la Torre

375

En política, la presión es uno de los ingredientes más importantes cuando se trata de lograr un objetivo. La correcta aplicación de este recurso puede traer consigo distintos resultados, pero el principal es llevar a alguien a hacer algo. Claro, si ese ‘algo’ es bueno o malo, depende del lado en el que uno se encuentre.

En estos días la presión no ha sido ajena a los dos líderes políticos más importantes del país. Tanto Keiko Fujimori como Pedro Pablo Kuczynski se han visto haciendo cosas más empujados por el clamor popular o por la insistencia de sus adversarios que por voluntad propia. Y aunque los temas que propiciaron la presión vertida sobre estos personajes son distintos para cada caso, los perjuicios políticos que traen consigo pueden ser muy parecidos.

Empecemos con lo que concierne a Keiko Fujimori y a Fuerza Popular. Como se recuerda, la semana pasada se votó la posibilidad de que el Congreso formara una comisión investigadora para el caso de los abusos sexuales dentro del Sodalicio de Vida Cristiana, y fue el voto de los fujimoristas el que frustró que esto se llevara a cabo. Muchos se ampararon en el argumento que el Congreso no podía ocuparse de algo así al no tratarse de un tema de verdadero interés público y porque el Parlamento no puede emitir sentencias a ningún ciudadano. Y si bien estas justificaciones pueden tener asidero en la realidad –aunque la situación más parece deberse a una sensibilidad eclesiástica al interior de Fuerza Popular–, lo cierto es que enfurecieron a más de uno. Entre ellos a Kenji Fujimori.

La presión fraternal y la de la opinión pública llevaron a Keiko Fujimori a pedir que se reconsidere el voto ¿Y los argumentos que esgrimieron? ¿Desaparecieron? ¿De pronto dejaron de tener valor? Ya la decisión de votar en contra de la comisión resultaba harto perjudicial para la bancada naranja, especialmente porque reafirmaba la creencia que al interior de dicho partido se cultivaba un fuerte recelo conservador. Pero claro, el hecho de haber dicho “no” y luego “quizá sí”, dejó expuesta la perjudicial realidad: todo sea para librarnos de la presión política.

El caso del presidente Kuczynski es un poco más grave que el de sus opositores. Esto por el simple hecho de que se trata del presidente de la República y su incapacidad para resistir la presión no habla muy bien de su muñeca como gobernante.

Está el asunto de Piura, por ejemplo. Lo cierto es que la tragedia en dicha región es verdaderamente terrible y la acción del gobierno es fundamental. También es cierto que el presidente, un hombre de 78 años, difícilmente será capaz de remediar la situación más eficientemente in situ que en Palacio de Gobierno. Pero claro, políticamente la presencia del jefe de Estado suele sugerir que más cosas se lograrán. Kuczynski, no obstante, recién fue a Piura luego de que la oposición lo torpedeara con críticas, suscitando, a su vez, la presión de muchos ciudadanos. Así, la presencia del presidente en Piura terminó viéndose más como un acto de obediencia que de convicción y, como para ponerle sal a la herida, una vez en el norte el mandatario no tuvo la mejor de las bienvenidas. La situación, en otras palabras, le hará un flaco favor a su aprobación en las encuestas.

Lo mismo ha pasado con el Currículo Nacional, con una serie de “precisiones” que, en verdad, tuvieron como objetivo apaciguar a la gente de ‘Con mis hijos no te metas’. La acción, empero, se dio poco después de la marcha que el grupo llevó a cabo, haciendo entender que el afán de “precisar”, fue una respuesta a la presión fanática de los marchantes, poniendo en tela de juicio la convicción con la que el gobierno defendió el currículo.

Lo triste de toda esta situación, donde los políticos ceden fácilmente a la presión, es que demuestra que tienen poco o nada por qué luchar, son más capaces de seguir la corriente de la opinión pública que plantearse la propia. En lo que respecta al presidente, sin embargo, habrá que rogar por un cambio de actitud para no seguir tropezando por los próximos cuatro años y en lo que concierne a Keiko, tendrá que tener cuidado si quiere que el fujimorismo sea uno solo y no uno dividido entre ella y su hermano.

Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.