Programa Nacional para niñas y niños huérfanos, por Verushka Villavicencio

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El 24 de julio propusimos que se creará un programa nacional para la atención a las niñas y niños huérfanos a través de esta tribuna periodística que me acoge desde el 2016. El resultado fue la medida que anunció el presidente Martín Vizcarra en su último discurso de 28 de julio ante la Nación, indicando que otorgaría 200 soles como pensión para las niñas, niños y adolescentes huérfanos por el COVID-19, hasta que cumplan 18 años de edad.

Esta medida no ha sido rebotada por los medios de comunicación ni por otros organismos internacionales como un ejemplo a seguir para otros países. Se comprende que ante tantas bombas de tiempo estallando a cada segundo dejemos de relevar lo que es acertado para las poblaciones que requieren protección.

A la siguiente semana enfatizamos que para lograr un “Perú Inclusivo” eran necesarias medidas que integraran la tecnología al uso diario del estado para agilizar procesos y procedimientos, sobre todo para la protección de los ciudadanos cuyas desigualdades los excluyen en el acceso a sus derechos. Y el 12 de agosto, en su acostumbrado mensaje diario al país, el presidente anunció que en el caso de las personas con discapacidad se creará una única plataforma virtual para que se registren, siendo los gobiernos regionales y locales los primeros en agilizar el proceso. La innovación radica en que con un único registro podrán hacer seguimiento a todas las atenciones que requieran en educación, salud, protección, empleo, entre otras. El resultado será una única base de datos integrada que documente sus necesidades y los servicios que desde cada ministerio les darán en cada etapa de sus vidas. Al fin se terminaron las bases de datos que no se comparten entre instituciones y la segmentación de un trabajo que siempre debió ser transversal en derechos y servicios para atender a los ciudadanos que requieren protección. Realmente un gran avance.

En ambas lógicas de intervención subyace la puesta en marcha del enfoque territorial con una estrategia de promoción de la salud.

Observemos ¿por qué la ejecución del gasto de los gobiernos regionales y locales no es efectiva ni eficaz? Según el Portal de Transparencia Económica del Ministerio de Economía y Finanzas, hasta agosto, entre todos los gobiernos locales han ejecutado el 25% de su presupuesto anual y 44.3%, en el caso de los gobiernos regionales. En total, se ha ejecutado el 40.6% de la programación de todas las actividades. Esta ejecución no comprende lo que el Estado designó para el uso de la atención al COVID-19, sólo se trata de las actividades que se tenían programadas, previas a la pandemia. Significa que la articulación entre políticas, programas, proyectos y actividades demanda que los equipos técnicos operen en el territorio. Pero, la operación en el territorio no puede ser sólo para responder a los indicadores de “actividad cumplida” sino que tendrían que responder a cuál es el impacto en la población, cuál es el cambio de vida, cuál es la transformación lograda. Ejemplos claros: cuántas niñas y niños dejaron la desnutrición entre 0 y 36 meses, cuántos niños y niñas mejoraron su comprensión lectora logrando el máximo puntaje posible, cuántas colegios cuentan con docentes capacitados en lengua de señas para los estudiantes sordos a nivel nacional, cuántas mujeres se salvaron del cáncer de mama por un diagnóstico temprano, etc.

Entonces, necesitamos un programa para la infancia huérfana que documente su resiliencia con un diseño integral ajustado a la realidad territorial con servicios articulados entre sí; pero, sobre todo, con el soporte de la comunidad organizada para tejer una red de protección alrededor de cada niña, niño y adolescente. El abono mensual de 200 soles debería tener una supervisión para que sea usado en mejorar la calidad de vida de cada niño y niña. Tenemos que medir la calidad de vida en impactos que los beneficien directamente; pero también, la misma familia que acoja a estos niños necesita asistencia en los centros de salud mental comunitarios para acompañarlos en su proceso de resiliencia. El sueño de una comunidad, un vecindario organizado en red para proteger y ayudar a crecer a la infancia se puede hacer realidad con promotores de salud, líderes comunitarios, servicios del Estado articulados, la empresa asociada a mejorar la ciudad junto a los gobiernos locales que inviertan en mejorar los espacios públicos para hacerlos seguros, no sólo contra la violencia, sino contra el COVID-19. Pero también las universidades e institutos deberían becar a los estudiantes de este programa. Y todo esto se diseña en fases dentro de un programa nacional con metas e indicadores de impacto. De lo contrario se seguirá asignando recursos, pero los impactos no serán suficientes para demostrar que se dio bienestar y mejoró la calidad de vida de la infancia huérfana.

El día que todos los programas sociales desaparezcan, los gestores públicos habrán concluido su trabajo porque todos los ciudadanos vivirán con igualdad de oportunidades, dignidad y serán al fin, ciudadanos felices.

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