Prohibido prohibir, por Eduardo Herrera Velarde

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“La ignorancia es atrevida” sentenció el legislador, intentando defender su proyecto de Ley contra toda crítica. Por supuesto, quien no se ha informado, no debería de criticar (tal vez eso sí correspondería ser ley).

Coincido plenamente, la ignorancia es atrevida. Hoy, incluso en nuestra legislación, las personas jurídicas son responsables penalmente al igual que las personas físicas; extrañamente los partidos políticos nunca fueron incluidos en la ley de la materia, pese a que son organizaciones que responden a esa naturaleza (de personas jurídicas). Los partidos políticos, como las empresas, pueden ser utilizados indebidamente para cometer delitos. Eso no quiere decir per se que se criminalice la política. Sostener algo semejante equivaldría a señalar a que si penaliza el bloqueo de carreteras se criminaliza la protesta (otra ley de papel).

Pero más allá de ello, me siguen preocupando la cantidad de leyes declarativas, prohibiciones ciegas que se sancionan. Cuando la intención sería solucionar otro problema -de fondo- de una manera, por decir lo menos, ineficaz. Otro dicho, “de buenas intenciones está lleno el infierno”.

¿Qué es lo que presuntamente se quiere evitar al decir que los partidos no pueden ser organizaciones criminales? Se ha dicho ya, evitar que malos fiscales o malos jueces los investiguen absurdamente, que utilicen esa denominación -la de organizaciones criminales- para valerse indebidamente de un plazo de investigación mayor.

En defensa de la institucionalidad dicen. Bonita frase. Precisamente si lo que quieren solucionar -o defender- es la institucionalidad, preocúpense por la reforma del sistema de administración de justicia, institución tutelar. Si tenemos fiscales o jueces que generan investigaciones arbitrarias (no estoy diciendo que en el caso concreto sea así, pero las hay, y muchas) pongámosle reflectores a la reforma y un poquito de gasolina para que avance más rápido (aceite no por favor, para no aceitarla).

La ley en cuestión es una prohibición ciega. Es como aquella norma municipal que prohibía a los cambistas de dólares porque generaban inseguridad cuando eran asaltados. Debieron prohibir los bancos (porque también los asaltan). Lo que se buscaba -entiendo- era un remedio contra la inseguridad ciudadana y el remedio no solucionó nada ¿o sí?

Por favor, prohibido prohibir.

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