Protocolos y desborde popular, por Óscar Peña

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Hace pocos días muchos peruanos nos hemos despertado con diversas incógnitas y dudas. Se nos han presentado con bombos y platillos lo que se ha denominado una ​“nueva convivencia” y con esto se nos dijo en un inicio que sería una combinación de políticas sectoriales de salud, economía y mejora del comportamiento ciudadano. Realmente plantear una norma que pretenda abarcar esas dimensiones deberían tener un impacto considerable en la vida de la sociedad, sin embargo, lo que recibimos a través del Decreto Supremo 094-2020-PCM, más bien ha sido reinterpretado como el fin implícito de la cuarentena, ​coincidiendo con lo expresado hace poco por el alcalde de Lima mencionó hace pocos días: ​“Al mirar la calle veo que de facto se ha roto la cuarentena”.

La ​relajación ​de la cuarentena es un hecho, que es evidente para cualquier persona que camina por la calle y que se ha hecho una realidad visible a inicios de semana a los alrededores del emporio comercial de Gamarra, lo que llamamos un gran desborde popular en este primer día de la nueva convivencia.

El Estado también se ve claramente desbordado para controlar todo lo que pretende, especialmente en el sector económico formal, ya que se han empezado a desplegar un sin números de protocolos, pases de tránsito, declaraciones juradas y otras directivas… es como la fiesta del papel. Fiesta que lamentablemente no coincide en gran medida con la realidad de la calle.

Es imperativo proponer un cambio de perspectiva para que el gobierno aborde esta situación, dando lineamientos genéricos de salud y bioseguridad a cada sector económico, para que cada empresa la adecue a su realidad concreta. Por otro lado, se debería establecer un reconocimiento especial a las empresas de diferentes tamaños y sectores que van implementando mejores prácticas preventivas, creando así un ambiente de innovación para que otras empresas con el fin de ganar la confianza de sus clientes, seguir dichos protocolos de salud.

Del mismo modo, se debe indicar con ​mucha claridad, cuáles son las actividades que están prohibidas dado que tienen un mayor riesgo de contagio, y permitiéndoles cambiar de rubro, definitiva o temporalmente.

Lamentablemente, todas estas autorizaciones y procesos burocráticos, han generado descontento en gremios y empresarios de diversos rubros, basta colocar el ejemplo de las peluquerías a domicilio o en el caso de electricistas y gasfiteros que han sido autorizados para trabajar pero sin permitir que abran sus proveedores: las ferreterías. Esto nos enseña que no es suficiente que estas autorizaciones se generen de forma online, sino que se necesite que los protocolos sean funcionales y aterrizados a nuestra realidad permitiendo la reactivación económica de toda la cadena productiva.

El gobierno ha tenido aciertos y desaciertos para detener esta pandemia con el fin de que no se convierta en una hecatombe sanitaria, pero a nivel económico empresarial no se necesitan más protocolos sino un cambio de estrategia de fomento empresarial, dejar el paradigma de que se puede empapelar todo el sistema económico, intentando reducir las complejidades del mercado en un solo documento. Acabemos con esta fiesta del papel y empecemos a abordar el problema en su real dimensión.

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