Provida ≠ Profamilia, por Franco Mori Petrovich

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Ahora dicen que una de las características del ‘fujitroll’ es su posición provida, que no solo implica rechazar el aborto sino también  discriminar a las personas que tienen una orientación sexual distinta. Nada más falso para quienes no saben diferenciar dos causas con objetivos practicamente contrariados: Una cosa es ser provida y, otra, profamilia. Hacia esta diferenciación es que me dirijo a continuación.

En primer lugar, el activismo provida se basa en un sustento científico y jurídico para defender la vida del niño por nacer ante la cada vez más fuerte creencia de que la mujer tiene derechos para abortar en diversas circunstancias y que el feto, desde el primer momento de su existencia, es cualquier cosa menos humano. Casi convencen los argumentos con carga sentimental, esparcidos en los medios de comunicación por la mal llamada corriente feminista , donde anteponen el futuro inmediato de la mujer por encima del futuro de una criatura inocente.

Por obvias razones, ninguna persona desea que una mujer críe al hijo de un violador. No lo queremos, lo condenamos y demandamos a la sociedad y a las autoridades políticas un verdadero combate contra la lacra machista y violenta. En otras palabras, la igualdad de género (mismas condiciones para hombres y mujeres), es una deuda pendiente que tiene el Estado, junto a la reforma de la seguridad, salud, educación y el sistema de adopciones. Estas son, de forma muy resumida y general, las razones para ser un activista provida.

Luego, la cuestión profamilia no tiene relación alguna con la ideas anteriores. Un profamilia no defiende vidas humanas, pero consideran que la forma tradicional de ‘familia’ (conformada por un varón y una mujer), se encuentra amenazada por la población LGTBI. Los profamilia, que normalmente se autodenominan también provida, sostienen que la política y las ley ya son iguales para todos y que si un homosexual desea acceder a los beneficios que otorga un matrimonio, pues deberá mantenerse obediente a la ‘ordenanza natural’ de su anatomía, es decir, volverse heterosexual.

Por su parte, el colectivo LFGTB logró dar a conocer que históricamente han sido discriminados por la condición que tienen. Muchos se suicidan cuando se enfrentan a una sociedad que no los acepta. Por eso, considera que la mejor forma de inculcar tolerancia en la sociedad es legitimando las uniones de hecho, que nada tienen que ver con matrimonios religiosos. Basan sus reclamos en el mandato de nuestra constitución, que dice que ninguna persona debe ser discriminada por su condición sexual o de cualquier otra índole. De ahí se sostienen los promotores de la unión civil porque plantean que si un homosexual siente atracción y ama a otro de su misma condición, entonces basta este motivo para reclamar los mencionados derechos.

¿Qué tan perjudicial sería que estos derechos los tengan, pues, las parejas homosexuales? En términos objetivos, ninguno. Algunos dicen la sociedad se vería afectada de aquí a unas décadas porque se multiplicarían las personas homosexuales y cada vez más se reducirán las parejas heterosexuales, que son las que naturalmente tienen el ‘don’ de la procreación. Sin embargo, ¿desde cuando existen profetas para adivinar lo que pasará de aquí a unos años? Este tema conllevaría a una discusión más de fondo que podría abordar en otro momento.

En lo que me respecta, escucho las posiciones a favor y en contra, pero considero que nuestra sociedad, al ser preponderanemente católica, debería hacer caso al llamado de Benedicto XVI quien, cuando fue Cardenal Ratzinger, emitió el único documento oficial vigente del Vaticano en materia de inclusión social con la minoría homosexual. Cito:

“Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan una falta de respeto por lo demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones” (Ratzinger, 1986).

Aún haciendo caso al llamado de Ratzinger, las causas provida y profamilia son inmiscibles . ¿Por qué? El activista provida defiende la vida de todos y el profamilia excluye a ciertos tipos de vidas. Ha quedado demostrado con las ideas vertidas previamente. Los profamilia ignoran el mandato de Benedicto porque  permiten la posibilidad de todo tipo de violencia, discriminación o, lo que es peor, suicidio. Y esto último es radicalmente intolerable para quienes asumimos una postura provida porque comprendemos que todo concebido es sujeto de derecho también hasta su muerte, es decir, a lo largo de toda su existencia. Por ello, la multitudinaria marcha que se realiza en el marco del Día del Niño por Nacer, tiene una mensaje positivo que incluye a todos. Pero colectivos que se inmiscuyen en esta fecha, como Parejas Reales, han inculcado la idea de que solo se debe defender la vida de algunos. Nada más lamentable para esta movilización a la que han comenzado a llamaerla “Marcha por la vida de los heterosexuales”.

Por ello me preocupa que Parejas Reales incite el rechazo y odio contra figuras específicas a través de la distorsión de la información: Fue deplorable cuando utilizaron el nombre del joven Aldo Valderrama para calumniarlo sin piedad y aplaudiendo la violencia del serenazgo en San Isidro. Fue también lamentable cuando hicieron anticampaña contra algunos candidatos congresales que son provida, mintiendo al decir que no lo eran. Deberían, más bien, acoger las palabras de Benedicto que he citado, ¿o acaso entre sus miembros no hay católicos y hasta miembros del Sodalicio de Vida Cristiana?

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