¿Puede el nuevo Google salir de Latinoamérica?

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¿Puede el nuevo Google salir de Latinoamérica? Esta fue una de las preguntas con las que se iniciaron las charlas que recibimos los seleccionados por el programa SELA (Society for Entrepreneurship in Latin America) de la Universidad de Stanford hace ya más de cuatro años. Curiosamente, la pregunta no se refería al surgimiento de una empresa tecnológica específicamente, sino más bien a la capacidad de generar una o más empresas que cambiaran las reglas de juego y tuvieran el potencial de transformar la vida de las personas alrededor del mundo.

Los veinticinco asistentes veníamos de diferentes países: Perú, Chile, Argentina, Colombia, entre otros. Sin embargo, la mirada y el silencio de todos frente a la pregunta fue, paradójicamente, una respuesta suficiente. “¿Y por qué no?” nos preguntaron los organizadores, y antes de que empezáramos a dar excusas ellos mismos desplegaron una lista de “peros” que solemos dar los latinoamericanos para no hacer las cosas. De todas las crudas verdades, una de las que más llamó mi atención fue el concepto del exceso de protagonismo y el miedo a compartir nuestras ideas.

¿Cuántas veces hemos tenido una idea que pensamos, quizá ingenuamente, que nos podía hacer millonarios? Y, ¿no era acaso nuestro siguiente pensamiento que “no se lo puedo decir a nadie o me la van a robar? ¿En cuántas oportunidades hemos escuchado a alguien proponer algo que nos hizo brillar los ojos con su potencial, sólo para pensar que “lo quiero implementar yo”? Y nuevamente, ¿cuántas veces hemos llevado a cabo esas ideas que queríamos “robar”?

La práctica y los casos de éxito que he visto me han demostrado que mientras más grande es un sueño, más personas necesitas para hacerlo realidad. En Stanford, un joven inició una empresa desde cero y sin capital. ¿Qué hizo para conseguir que algunos de los graduados más talentosos de la universidad se le unieran? Simple: compartió con ellos parte importante del accionariado. Cedió protagonismo y dominio sobre el proyecto para que el sueño se transforme en realidad.

En el Perú, sin embargo, es frecuente ver empresas ya constituidas e incluso start ups que se rigen por una cultura de desconfianza, en la que las personas buscan acaparar poder, protagonismo y control. Hace poco escuché a alguien que se desempeña en un cargo bastante importante reconocer a una colaboradora porque “siempre trabaja duro sin esperar nada a cambio”. Si bien es cierto que las personas que van más allá son muy valoradas y esta es una cualidad personal importante, creo que lo equivocado está en la expectativa de sólo querer tener personas que “nunca esperen nada a cambio”. La economía y las personas funcionan por incentivos, sean o no monetarios, y el reconocimiento del talento de las personas que están a nuestro alrededor, o de nuestros subordinados, no nos hace débiles frente a ellos. Un buen líder, capaz de impulsar proyectos y empresas transformadoras, es aquel que puede tener un efecto multiplicador en el trabajo de las personas y las ayude a crecer. El verdadero líder no es alguien que absorbe o bloquea los éxitos ajenos, sino quien facilita y acelera que estos se den en la organización.

¿Podrá el nuevo Google salir del Perú? Para responder esto primero es necesario reflexionar sobre la cultura empresarial en el país. ¿A qué tipo de personas premiamos? ¿Qué clase de trabajadores queremos? ¿Cómo somos como emprendedores y personas?

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