Punto de partida

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Les propongo algo entretenido. ¿Pueden estimar a cuánto asciende aproximadamente la población de la región de La Libertad? (No, no vale buscarlo en Google) ¿Está por debajo de los 4 millones? Lo más probable es que contesten que sí, pero, ¿cuál es la cifra correcta? Estoy segura de que, mientras leen esto, ustedes se encuentran buscando en lo más recóndito de sus cabezas una cifra referencial a partir de la cual dar una respuesta. Si han pasado la mayor parte de su vida viviendo en nuestra ruidosa pero muy entretenida capital, quizás saben que en la región Lima hay aproximadamente unos 8.7 millones de habitantes, con lo cual probablemente estimen que la población de La Libertad sea una sexta parte de esto.

No obstante, ¿qué pasa si no viven en Lima y viven, en cambio, en Ica? Probablemente el punto de referencia a partir del cual harán el cálculo no será el mismo pues, el dato que les resulta más familiar corresponde al de la población de su propia región de residencia (0.8 millones aproximadamente). Así, la cifra que propondrá cada persona será distinta y estará condicionada tanto a la formulación inicial de la pregunta como a la información inicial a partir de la cual estimen su respuesta (la población de nuestro lugar de residencia). Sin embargo, distintos estudios demuestran que las personas con puntos de partida bajos tienden a dar en promedio respuestas más bajas que las personas con puntos de partida altos, ninguna de las cuales coincidirá necesariamente con la cifra real.

El premio Nobel de Economía del año 2002, Daniel Kahneman, dedicó su vida profesional y académica a estudiar estos sesgos, los cuales nos llevan muchas veces a hacer estimaciones poco acertadas. Dentro de los muchos conceptos que introdujo al mundo de la economía está el concepto del “efecto anclaje” (anchoring effect). Este considera que las estimaciones que hacemos están fuertemente “ancladas” a una idea inicial, a partir de la cual intentaremos construir un resultado ajustando nuestro concepto inicial. El problema es que este resultado obtenido no incorpora un ajuste lo suficientemente preciso, llevándonos a sobrestimar o subestimar cifras dependiendo de la formulación inicial.

El ejemplo con el cual Kahneman introdujo el efecto anclaje se conoce como el experimento de las Naciones Unidas. Para este caso, se invitó a diferentes personas a girar una rueda de la fortuna en la que se presentaban dos posibles resultados: los números 10 y 65. Una vez que la ruleta caía en uno de estos dos números, se invitó a cada sujeto a estimar un porcentaje arbitrario: en este caso, el porcentaje de países africanos que formaban parte de las Naciones Unidas. En primera instancia, se les preguntó si consideraban que dicho porcentaje estaba por encima del número que habían obtenido en la ruleta; posteriormente, ellos debían proponer el porcentaje que consideraran más cercano a la cifra real. La respuesta promedio de aquellas personas que obtuvieron un 10 al girar la ruleta fue 25%, mientras que las personas que obtuvieron un 65 estimaron un promedio de 45%. En otras palabras, aquellos que tuvieron un punto de partida bajo tendieron a subestimar la respuesta, mientras que aquellos que tuvieron un punto de partida alto tendieron a sobreestimarla.

¿Es el efecto anclaje relevante para nuestra vida diaria? Por supuesto que sí. Ustedes ya lo viven a diario cuando, por ejemplo, toman un taxi. La próxima vez que lo hagan, no esperen a que el taxista plantee el precio: después de todo, éste propondrá una cifra alta para que, al ofrecerles un descuento, el monto final parezca extremadamente atractivo. Prueben en cambio con ser los primeros en plantear el precio, ofreciendo una cifra baja que el taxista no aceptará, pero que por estar “anclado” a este precio bajo, probablemente considere una vez le prometan elevarlo en “tan solo un Sol”.

Finalmente, los dejo con una pregunta: si nuestro punto de partida influye para que exageremos al sobrestimar o subestimar algo, ¿no será que el alto crecimiento de nuestra economía en los último años está influyendo en nuestras proyecciones para el 2015? ¿Realmente alcanzaremos el 5% prometido o es que el anclaje nos está jugando una mala pasada?