¿Qué dice Iván Vega sobre la infiltración de chiítas en Apurímac?, por Federico Prieto

487

La Comisión de Defensa del Congreso ha elaborado un informe sobre las irregularidades habidas en la zona dominada por Sendero Luminoso en el Perú, que responsabiliza gravemente al gobierno de Ollanta Humala. Además, deja en evidencia la inutilidad del gobierno de Alejandro Toledo en la pacificación del país, entre otras cosas, al haber desactivado un servicio nacional de inteligencia sin organizar otro más limpio y eficiente.

El país no quiere una repetición múltiple de los mismos escándalos, vía comisiones congresales, procuradores parlanchines, fiscales a paso lento y por último jueces que piden postergaciones debido a sus “recargadas labores”. Quiere procesos honrados y diligentes, que pongan cuanto antes a los delincuentes en las cárceles. Cosa que parece que todavía tiene para largo.

Uno de los principales protagonistas de la corrupción del gobierno de Ollanta Humala es su operador político nacionalista, Iván Vega Loncharich, cuya trayectoria en el gobierno peruano está vinculada con la pacificación interna, pero no para lograr ese objetivo sino para vender imagen, desde el  viceministerio de Orden Interno y desde el viceministerio de Políticas para la Defensa.

La tranquilidad de los peruanos está amenazada por los estertores del terrorismo senderista y también por la avanzada inexplicable en la región de Apurímac de un nuevo modelo de terrorismo, gracias al proselitismo chiíta. Este curioso fenómeno estaría impulsado por las embajadas persas en Brasilia y La Paz, gracias el dinero petrolero de Irák, que viene de Bagdad, la capital más importante de los musulmanes chiítas en el mundo.

Sabemos el hecho de que los pobladores de Abancay miran asombrados la presencia de hijos del Islán en su territorio. Haría bien el gobierno en dar a conocer a la ciudadanía qué quieren esos señores en el Perú. Los servicios de inteligencia nacional deben evacuar un informe detenido sobre ello, porque lo último que nos falta es importar ideologías de fanáticos que forman los llamados “partidos de Dios”.

Sabemos que Iván Vega engañó a la opinión pública para presentar una imagen exitosa de su gestión en los ministerios de Interior y Defensa, mientras que la corrupción campeaba, llevándose el dinero de la lucha en el Vraem para las bolsas corrompidas de los grupos en el poder. Lo que no sabemos es si Iván Vega se dio cuenta de la migración de chiítas a los andes peruanos y qué hizo para advertir al gobierno de Lima del peligro terrorista que eso podía significar en el país.

Mucho cuidado deben tener los parlamentarios de la Comisión de Defensa para afrontar la tarea que les ha sido encomendada. No es su papel lucirse con informes escandalosos, por muy verdaderos que sean, sino facilitar que el poder judicial tome cuanto antes manos en la corrupción en los gobiernos de Toledo y Humala, a la vez que este gobierno informe este nuevo fenómenos que puede destruir la relativa calma que gozamos en Sudamérica, con respecto al viejo mundo, por la agitación de los fanáticos de la “guerra santa”. No es suficiente mirar al pasado corrompido. Es indispensable garantizar la paz en el futuro. Y en eso gobierno y oposición deben dialogar y ponerse de acuerdo. Ojo, ministros del Interior y de Defensa.

 Lucidez no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.