[EDITORIAL] ¿Qué está haciendo la Ley Universitaria?

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¿Cómo hacer para que la educación universitaria en el Perú en realidad mejore? ¿Está haciendo el gobierno lo correcto? ¿Qué está haciendo? Pocos se enteraron que el martes de esta semana el ejecutivo envió al congreso un mensaje con carácter de urgencia. Se trataba del proyecto de ley para desactivar el Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (Sineace). En su lugar se busca poner otro organismo parecido de nombre complicado, esta vez llamado Copaes ¿Para qué?

El Sineace tiene (aún) por función acreditar universidades para certificar su calidad académica. Sin embargo, este proceso es, con algunas excepciones, voluntario. Este organismo existe desde el 2007 pero recién empezó a acreditar universidades en el 2013. En este período de tiempo se dedicó a definir los criterios de acreditación. Estos, sin embargo, resultan bastante atrasados y las universidades han preferido optar por acreditaciones internacionales más prestigiosas.

Con la promulgación de la Ley universitaria el año pasado, el Sineace pasó a estar por debajo de la Sunedu, otro ente del Estado que reemplazaba a la Asamblea Nacional de Rectores y se encargaría de fiscalizar universidades. Sin embargo, esta misma ley ponía al Sineace bajo un periodo de restructuración en el que una comisión ad hoc decidiría su destino. Todo muy burocrático. Ahora estaría por terminar el proceso de reestructuración, pero este básicamente ha consistido en poco más que cambiarle de nombre. ¿Está sirviendo?

La ley universitaria partía del supuesto de que la autorregulación no ha funcionado y que es momento de que el Estado asuma ese papel. De pensar que el mercado y la desregulación iniciada en los noventas no habían logrado sino llenarnos de universidades basura. En parte era cierto: la educación superior en el Perú tiene un nivel bastante bajo comparado con el extranjero. Nuestra universidad mejor puntuada en rankings internacionales no entra entre las 500 mejores y muchas otras con las justas merecen ese nombre. ¿Pero todo esto es en realidad culpa del mercado? Creemos que no. Creemos que hay una razón de fondo más profunda y que no se está tomando en cuenta.

La calidad de las universidades depende en buena cuenta de sus ingresantes: si traes a un profesor de Harvard a dar una clase en la Alas Peruanas lo más probable no le puedan seguir el ritmo. El mercado no ofrece utopías, solo se adapta de la manera más eficiente a la realidad. Y en nuestra realidad el sistema escolar está más cerca de una distopía que de cualquier otra cosa. Con el nivel académico del ingresante promedio a una universidad hoy (recuérdese que salimos últimos en la última prueba PISA) es imposible que la universidad promedio sea Harvard; no importa cuántas multas y regulaciones ponga el Estado a través de sus entidades y superintendencias de nombres complicados.

Lo que ha estado haciendo el mercado hasta entonces no es otra cosa que adaptarse a la realidad educativa peruana, nada más que diseñar universidades que estén a la talla de su público objetivo. Si el Estado quiere hacer algo para cambiar esta situación pues genial, bienvenido sea. Pero que apunte a resolver los verdaderos problemas en vez de fabricar otros.