¿Qué hacemos con el CNM?, por Eduardo Herrera

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Un órgano que no ha tenido mucha atención del público está siendo objeto de análisis de un tiempo a esta parte. Se trata del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) cuya importancia es capital en el correcto funcionamiento del sistema de administración de Justicia.

EL CNM se encarga, palabras más palabras menos, de ser el gran “Departamento de Recursos Humanos” del sistema. Es decir, “contrata”, disciplina, regula ascensos, etcétera. La importancia es, entonces,  evidente.

La propuesta que se ha lanzado – de modo casi unánime – es que debe de modificarse la forma de nombramiento de los miembros del Consejeros. Se dice que deben buscarse mejores Consejeros y que estos deben ser elegidos de una manera más transparente y de mejores instituciones (más confiables). En palabras más simples, se busca cambiar al Gerente del Departamento de Recursos Humanos del sistema.

No descarto que la propuesta sea buena; para ser honesto me parece más bien algo parcial. Tener un buen Consejero no necesariamente mejora que tengamos mejores Jueces o Fiscales.

Por principio, para que la propuesta de variar la forma de elegir los Magistrados (o su número como también se ha dicho) tenga viabilidad, debe de pasar por una modificación constitucional y eso – como la realidad lo demuestra – puede ser muy improbable por decir lo menos ya que las grandes decisiones en el Perú casi siempre son postergadas por algo urgente que nos distrae.

Lo que propongo para ser directo, además de una reforma “por fuera” es crear las condiciones para eliminar dos trabas que impiden tener un mejor nivel de Jueces y Fiscales. Me refiero a la corrupción y a la arbitrariedad. La corrupción ya es harto conocida por todos nosotros y no requiere definición; la arbitrariedad consiste en elegir a los Jueces o Fiscales sin ningún criterio objetivo, técnico, fundamentado.

Es cierto que ni la corrupción, ni la arbitrariedad se pueden eliminar para siempre. De lo que se trata es de bajar el nivel y hacer procesos al interior de la CNM más seguros en ese contexto.

Con relación a la corrupción, es cierto que hay que trabajar en la forma de selección de los Consejeros. También hay que hacerlo en un aspecto que siempre se olvida y se ve hasta cosmético: la ética pública. No hace falta tener un código ético que no entiende nadie y no sirve para nada (solo para estar arrimado en un anaquel de la oficina); hay que vivir la ética.

Respecto a la arbitrariedad, y sin ser enunciativo tampoco porque no es el momento, es importante introducir mecanismos que aseguren que, concretamente, la elección de un candidato como Juez o Fiscal implica que se ha escogido al mejor para el puesto. Recordemos que estamos escogiendo personas para, nada más y nada menos, que administrar Justicia. Para empezar, por ejemplo, no se tiene un perfil de Fiscal o Juez idóneo; entonces, desde el origen, no sabemos qué características buscamos en los candidatos.

Sobre el mismo punto, hay que definir cuál es la mejor forma – por ejemplo – de la selección de los Magistrados; ¿será mediante una entrevista? ¿será mediante un examen en donde se privilegia lo jurídico? ¿o será con análisis de la hoja de vida del candidato? Sospecho que es ninguna de las anteriores. Lo que sí me queda en claro es que se necesita a gritos es objetividad y por qué no contar con asesoría especializada en talento humano.

En fin, no quiero ser abundante en la opinión, el asunto da para mucho más. Es muy bueno que estemos hablando de estas cosas y no de escándalos que le hacen muy mal a la institución. No obstante, quiero terminar diciendo que las instituciones se pueden reformar por fuera o por dentro, pero finalmente lo que hay que reformar es a la persona que forma a la institución.

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