¿Qué hay en Lima?, por Edwar Diaz

Si recibieras a alguien del extranjero y tendrías que mostrarle la ciudad ¿a dónde lo llevarías?

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Lima la horrible, la coronada tres veces Ciudad de los Reyes, la del cielo gris, no tiene una imponente torre Eiffel en su centro, un parque de diversiones como Disneyland, un mar turquesa como Varadero, ni la cantidad de líneas de metro y modernidad con la que cuenta Tokio. No es una ciudad permanente calurosa, como las del Caribe, ni tampoco de intensas lluvias amazónicas o de un frío petrificante propio del norte de Europa.

Lima es única. Aquí no solo conviven más de 10 millones de habitantes sino también están representadas casi todas las etnias, culturas y colores del Perú. Aquí se habla quechua y aymara. Aquí se baila huayno y se celebran carnavales.  Aquí viven andinos, selváticos, criollos, afroperuanos y muchos migrantes extranjeros, incluidos los venezolanos.  Lima es una muestra del Perú y hasta una fracción del mundo.

Siempre he llamado a Lima la ciudad de las huacas. Las huacas son espacios públicos vivientes que deben ser puestas en valor, no solo para revalorar nuestro pasado, sino también para recordar que fuimos capaces de hacer florecer un desierto plagado de humedad. No tenemos tres Pirámides, tenemos muchas huacas: Pachacamac, Puruchuco, Huaycán, Manchay, Huallamarca, Mateo Salado, Tambo Inga, Pucallana, Cajamarquilla y decenas de otras más.

A toda esa riqueza milenaria se suma el Centro Histórico de Lima que, con sus casas coloniales, iglesias, catacumbas, museos, plazas y callejones, nos demuestran cómo el barro se combinó con la guitarra y la chicha morada para darnos esta magnífica ciudad en la que hoy vivimos.  Para amar a Lima hay que caminarla. Actualmente, la Municipalidad de Lima ha emprendido un plan de peatonalización del centro histórico para que seamos cada día más las personas que disfrutemos de todo los que nos han legado los limeños de antaño, y se encuentra próximo a debatirse la aprobación del Plan Maestro del Centro Histórico que no es sino una apuesta por la conservación de su entorno.

Por eso, si tuviera que hacer conocer Lima, lo llevaría no solo a apreciar su grandeza desde el Cerro San Cristóbal o el Morro Solar, sino también su impresionante acantilado y el espectáculo de luces que ocurre cada noche en el Parque de la Reserva (Circuito Mágico del Agua). Pero, sobre todo, lo llevaría a cada huaca existente, pues en ellas permanece intacto el mismo esfuerzo de los limeños de ahora, capaces de hacer del barro una fortaleza y de organizar juegos Panamericanos y Parapanamericanos de talla mundial.

Necesitamos crear conciencia social acerca de nuestra ciudad. Así, no solo expulsaremos a los traficantes de terrenos que ven en las huacas estorbos a sus ilegales actividades, sino también evitaremos que las provincias aledañas intenten arrebatarnos pedazos de territorio aprovechándose del olvido de antiguas autoridades que no supieron llegar a todos sus extremos.  Lima somos todos y Lima milenaria se defiende.

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