¿Qué involucra reprogramar las deudas en el banco?, por Gloria Acosta Álvarez

611

A propósito del proyecto de ley que propone el Congreso sobre la reprogramación de deudas, cabe recordar cómo funciona el sistema financiero y qué involucra, para poder evaluar si, efectivamente, esta propuesta protege el ahorro y el fortalecimiento del sistema financiero, como su nombre lo indica. Comencemos por el principio.

Las instituciones financieras son intermediarios entre agentes deficitarios –es decir, quienes solicitan los préstamos– y agentes superavitarios – los ahorristas. Se entiende, entonces que el dinero que presta una entidad financiera es el mismo dinero que ingresa de quien tiene sus ahorros en dicha entidad financiera, adicionalmente las instituciones del sistema financiero obtienen otros recursos para prestar como fondeo externo, por ejemplo. Realmente el porcentaje de ahorristas en el Perú es ínfimo.

Ahora bien, esto es un negocio ¿cierto? Porque nadie presta dinero sin recibir algo a cambio. Es ahí donde aparece el concepto de interés compensatorio y se denomina así, precisamente, porque compensa el tiempo en que el agente deficitario demorará en devolver el total de su préstamo.

En cuanto al Proyecto de Ley mencionado, observamos que está dirigido únicamente a personas naturales cuando aquellas que tienen mayores créditos son las personas jurídicas. Por otra parte, las personas naturales tienen la característica de endeudarse con tarjetas de crédito. ¿Qué problema hay con eso? Pues, que es la forma más cara de endeudarse. Al aplicarse esta ley, se estaría extendiendo un periodo de gracia que implicará, para quienes se acojan, que no pueden asumir sus deudas a corto plazo, por lo que el banco podría reducir su línea de crédito, ya que esta norma aplica la reprogramación no solo para créditos vigentes (al día en sus pagos) sino también para créditos en mora. En cualquiera de los casos, el no pago de la deuda implica, para la institución financiera, contar con una cobertura de provisiones mayor.

Asimismo, la norma indica que esta reprogramación aplica para cartera vendida a terceros (¿?), algo operativamente complejo para gestionar. Muchos dirán que es el trabajo de los bancos solucionar ese problema. Lo cierto es que cualquier gasto adicional, posiblemente, sea trasladado, a futuro, al usuario. Será labor de los oficiales de conducta de mercado poder reportar este tipo de cambios, pues la propia norma indica que no es válido incrementar ni en intereses, ni gastos ni comisiones; es decir la TCEA permanecerá “inalterable”. Por supuesto, qué queda, ley es ley, pero es lógico que lo que se desencadenará será el recorte de la línea de crédito de aquellos que reprogramaron sus deudas, pues de lo contrario se estaría evidenciando un espacio de sobreendeudamiento para los usuarios.

El problema radica en que las personas naturales utilizan, muchas veces, su crédito como parte de su flujo mensual y si este es recortado, no podrán seguir efectuando los gastos previstos, por lo que, eventualmente, se quebrantaría la cadena de pagos. La opción planteada no restaura o promueve el consumo.

Sin embargo, no todo es malo. Al menos, la norma ha previsto excluir a las entidades microfinancieras de este proyecto, pues, si la banca tradicional tendrá problemas para gestionar sus reprogramaciones y con ello afectar la capacidad de gasto de varias personas, qué podríamos esperar de las entidades microfinancieras que atienden a las mypes del país.

Valdría la pena pensar si esto realmente protege el ahorro y el fortalecimiento del sistema financiero.

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.