Que no sean mezquinos, por Carlos San Román

"Ahora resulta que el Gobierno tiene temor de que los privados 'compitan' con el Estado en la compra de vacunas, lo cual es una ridiculez absoluta".

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Las marchas y contramarchas respecto a la norma que permitiría la importación y comercialización de vacunas por parte de las empresas privadas son realmente desesperantes. El gobierno de turno emite una norma, la comunica y nos da esperanza. Luego se reúnen y seguramente el peso ideológico los hace dar marcha atrás.

Ahora resulta que el Gobierno tiene temor de que los privados “compitan” con el Estado en la compra de vacunas, lo cual es una ridiculez absoluta. Lo más importante es que nadie quiere competir, lo que se quiere es vacunar a las personas lo más rápido posible, para evitar más muertes y evitar más quiebras y desempleo. Si el privado puede ayudar en eso, ¿por qué no permitirlo?

Las preocupaciones del Gobierno no tienen fundamento. Primero porque a principio de este mes, ellos indicaron a través de los medios que tiene aseguradas la compra de 38 millones de vacunas con Sinopharm y adicionalmente otros 20 millones de vacunas con Pfizer. Entonces o nos están meciendo y las compras no están aseguradas o el rechazo al apoyo del privado por temas ideológicos queda en evidencia.

Los privados agrupados de tres maneras pueden ayudar, así sea que miren sus propios intereses económicos o porque quieren ayudar, o una combinación de ambos. Un primer grupo podrían ser laboratorios que quieran comprar y comercializar ganando dinero. Pues bien, si hay personas que quieren y pueden pagarla que lo hagan ya que de esta manera le quitan un peso al Estado y dan más posibilidad de ser atendidos a quienes menos posibilidades tienen. Un segundo grupo quizá podrían ser las compañías de seguros, a quienes seguramente les saldrá más barato entregar la vacuna como beneficio que asumir los costos de los tratamientos. Un tercer grupo serán las grandes y medianas empresas, quienes podrían ofrecer a sus trabajadores la vacunación de manera voluntaria. El costo asumido por estas empresas será sin duda menor que los costos relacionados a la enfermedad. En todos los casos la importación se haría a través de laboratorios autorizados.

Sea cual fuere el motivo por el cual los privados quieran importar y distribuir, el beneficio es para todos.  Es un evidente ganar – ganar y el Gobierno no debería considerar que se quiere competir.

Esa visión de “no dejemos que el privado lo haga” es realmente criminal. Cegados por la ideología o por la falta de criterio, las personas seguirán muriendo o por el virus o porque no tendrán dinero para alimentarse. El Gobierno no puede ser mezquino.

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