¿A quién beneficia el voto preferencial?

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En días pasado y por enésima vez, los partidos y movimientos políticos del país –grandes, medianos y pequeños- vuelven a intentar –como parte de una “reforma electoral”- tirarse abajo el denominado voto preferencial (VP). Esta propuesta -ha señalado Fernando Tuesta Soldevilla- beneficia al “sistema” de partidos políticos, pues el VP fomenta el “transfuguismo” cosa que también, como es comprensible, ha afirmado el congresista Javier Bedoya del PPC. ¡Cómo el VP no va a debilitar el “sistema” de partidos políticos si gracias al VP los electores podemos votar por un candidato que –bajo los misteriosos e interesados “criterios” de los partidos políticos- puede estar en el último lugar de la lista, que de otra manera, con el sistema de lista cerrada, nunca saldría elegido, pero gracias al VP sale elegido! En cuanto al denominado “transfuguismo”, ello ocurriría en cualquier circunstancia y con cualquier sistema de votación, pues bastaría que un congresista no esté de acuerdo en conciencia con una “orden” o “acuerdo” del partido bajo el cual fue elegido a fin de votar en un sentido determinado –aprobación legal del aborto por ejemplo-, para que alegue objeción de conciencia y vote contrariamente a lo señalado por el partido político, sin necesariamente pasarse a otro partido o bancada. Habría que definir jurídicamente, qué es lo que se entiende por “transfuguismo” –si implica o no el pasarse a otro partido o bancada o no- definición que hasta ahora nadie ha hecho. A un congresista que vote en conciencia en contra de lo señalado por el partido o bancada, lo tildarían de traidor y hasta de tránsfuga por votar en contra de los intereses y de lo “acordado” por el partido, favoreciendo a otro partido u bancada.

Actualmente en la mayoría de bancadas, sin embargo, no existe consenso para suprimir la modalidad de elección del VP. Sólo en la bancada integrada por el PPC y Alianza para el Progreso existe consenso, y esto es obvio pues son partidos pequeños en donde los líderes tradicionales vitalicios se verían desplazados –con el VP- por nuevos postulantes al congreso, más jóvenes, con ideas frescas y ganas sinceras de trabajar. De allí el temor de Javier Bedoya. Esto es algo que no les conviene. Irónicamente, muchos de los congresistas elegidos y vigentes hoy, fueron elegidos gracias al VP.

Pero, ¿En qué consiste el VP? El VP consiste en otorgar el apoyo directo preferente a más de un candidato, de una serie de postulantes inscritos en listas partidarias elaboradas, de acuerdo al orden que un partido político considera más conveniente. Hoy el VP permite que se altere el orden de los integrantes de la lista al momento de asignar los escaños. En cambio, el sistema de “lista cerrada” y bloqueadas favorecen el ingreso de candidatos -de acuerdo al orden en que están inscritos en las listas por las que candidatean pues fueron elaboradas según los “intereses” y “criterios” de un partido determinado- los cuales buscarán ser nuevamente elegidos, desplazando a los candidatos nuevos. En este sistema se hace necesaria la vigilancia de las elecciones internas de los partidos políticos, cosa difícil de lograr por cierto, pues finalmente la lista cerrada estará conformada de acuerdo a los intereses y voluntad de los viejos líderes del partido y no incluiría necesariamente a los más capacitados o mejores para el cargo. De allí que una lista cerrada no necesariamente coincide con las preferencias del electorado. Por ello, el VP constituye un importante instrumento porque muchos de los que no entrarían en el sistema de lista cerrada, accederían a un curul por medio del VP, y muchas veces con mayor votación que los candidatos “favoritos” ubicados en buenos puestos por el partido político.

De allí que consideremos que eliminar el VP significaría volver al sistema de listas cerradas y bloqueadas, quedando el elector en manos de los “intereses” y “criterios” partidarios –que debieran de proponer a los mejores candidatos, pero lamentablemente no es así- ya que sólo podría votarse por el listado cerrado de candidatos ofrecido por los partidos, en donde obviamente los primeros lugares serán ocupados por los dirigentes, fundadores o líderes políticos viejos, que “viven” desde hace varios lustros de la política, aportando poco o nada al país, impidiendo cual cuello de botella, el acceso de nuevos y jóvenes candidatos.

En conclusión, podemos afirmar que el VP es la única alternativa que le queda al elector para votar por aquellos candidatos relegados a lugares sin opción e inclusive con opción, y que gracias al VP podrían salir elegidos. De otra manera, dependeríamos de las listas cerradas elaboradas por los partidos, los cuales hoy garantizan poco o nada en cuanto a la calidad moral y profesional del candidato al Congreso. Entonces, ¿A quién beneficia el VP? Al elector, el cual podrá votar por candidatos desplazados. ¿A quién beneficiaría eliminarlo? A los partidos políticos y a sus dirigentes entornillados en sus puestos partidarios, los cuales viven “in aeternum” de la política y manipulan -¿Subastan?- los mejores lugares en la lista de candidatos, de acuerdo a sus propios intereses y no de acuerdo con los intereses del país.