¿Quién detiene al monstruo?, por Cecila J Vilela

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Cuando era niña escuché por primera vez historias sobre monstruos. Aquellos seres mitológicos, fantásticos, de apariencia aterradora. Seres imaginarios que –de niña creía- no podían volverse realidad y hacernos daño. Pero la realidad superó a la fantasía.

Los monstruos se han relacionado con nosotros bajo apariencias engañosas y en Namora y Cajabamba se descubrieron la identidad de dos de ellos.

Alamiro Malca de profesión docente, confesó sin escrúpulo alguno en Diciembre(2015) haber violado a una de sus alumnas. Este monstruo de Namora se encuentra no habido debido a que la justicia actúo tarde. Él violaba a sus alumnas durante el recreo. Lo que resulta alarmante es que ningún colega ni el director sabían que ocurría en el colegio.

El segundo de ellos, Luis Vázquez Da Silva de 65 años se desempeñó a lo largo de su carrera como docente y hace dos meses dejó la apariencia de educador para ser reconocido como lo que fue: un violador.

Tras ser capturado se suicidó en su celda. Se desconocen las causas exactas de su muerte e incluso se especula que no fue un suicidio, pero eso ¿es relevante? Ser asesinado o haberse suicidado no lo desliga de ser un violador, lo convierte en un ser ruin que utilizó la apariencia de docente para abusar de 18 niñas entre 9 y 12 años en un colegio en el que ejerció su profesión durante 5 años.

A pesar de negar los hechos él sabía que su final había llegado. Si no se hacía justicia con una condena como clamaba Cajabamba, serían los pobladores quiénes tomarían justicia por sus propias manos.

Y es que a este punto hemos llegado, a cuestionarnos numerosas veces qué debería ocurrir cuando estos monstruos son señalados como violadores y la justicia no toma cartas en el asunto.

Los monstruos de Cajabamba y Namora no son diferentes a los que les temía de niña. Crecí y comprendí que los monstruos llevan múltiples caretas, pueden tener cualquier profesión, ser tus vecinos o incluso estar en casa acechándote.

Entonces ¿Quién podría detener a los monstruos?, a los que aún no han sido descubiertos y los que se encuentran no habidos.

Para casos tan serios se deben tomar medidas serias. En vez de enseñar – en la mayoría de casos a las mujeres- cómo “evitar” ser violadas, se tiene que enseñar a la sociedad que la violación es un acto repudiable y nunca la víctima debe ser considerada culpable.

Por ello el Estado debería brindar toda la ayuda posible en salud mental a las personas que han sufrido estos abusos para poder aliviar el dolor que sienten, al final del camino sabrán que no están solos y que pueden iniciar nuevamente. Con respecto a los violadores la fiscalía debe actuar rápido y no liberarlos “por falta de pruebas” o simplemente recluirlos en un penal por periodos absurdos. La pena de muerte debería ser una realidad para frenar a todos los monstruos y aliviar el dolor de aquellos que aún claman justicia.

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