Quien nada debe, nada teme; por Daniella Paredes

«Lo que menos necesita el Perú es un gobernante que sea incapaz de gobernar, que tome decisiones irresponsables para desestabilizar al país, y que no asuma responsabilidades ni sepa aplicar autoridad».

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En el Perú, los discursos políticos tienden a ser muy pobres, más en el fondo que en la forma. Como consecuencia, las estrategias políticas se basan en el uso de un mecanismo en común: desviar la atención en asuntos que no son prioridad para el país. El Ejecutivo no es la excepción a la regla, y un ejemplo de ello se dio este martes, cuando le planteó al Congreso que la vacancia presidencial sea por incapacidad mental o física, en vez de moral.

Esta propuesta, la cual fue presentada con carácter de urgencia, es un claro indicio de la desesperación que tiene el Presidente de la República, Pedro Castillo, por proteger su cargo, a pesar de no estar en la capacidad de ejercerlo. Sin embargo, este propósito se diluye en medio del debate reavivado sobre lo que es “moralmente correcto o incorrecto”, lo cual es un ejemplo de cómo se disuade la atención de lo que verdaderamente importa.

Antes de caer en este debate, es importante entender que lo que se debe redefinir no es la norma, sino la verdad: incapacidad es incapacidad. Una persona no puede ser ligeramente incapaz. Una persona es competente o no lo es. Incluso podríamos cuestionar si la palabra “moral” es un factor limitante en la norma que beneficia más a los funcionarios públicos que al bienestar del país. Me refiero a este término como limitante en base a que vivimos en un mundo dual, en el que cada cosa que se mira tiene un espectro positivo y negativo, lo cual es ajeno a la objetividad, así como lo “moralmente correcto o incorrecto”.

Por otro lado, podría fundamentarse que este mecanismo facilita el vacar arbitrariamente a un presidente y debe modificarse. Pero, eso no es consecuencia de la norma en sí. Eso es consecuencia de la deshonestidad arraigada en la política, de la falta de responsabilidad de quienes gobiernan el país, de sobreponer los deseos personales a los deberes. Bien dicen que “hecha la ley, hecha la trampa”, por lo que lo importante no es lo que está escrito en papel, sino cómo se utiliza y con qué fin.

Y sí, la vacancia por incapacidad moral permanente aún es ambigua, pero quizás esto no se deba a la falta de una definición, sino más bien a la amplia cantidad de estas o la falta de consensos por llegar a una que abarque todo lo que tenga que abarcar. A fin de cuentas, para aplicar la norma se necesitan dos cosas: hechos y criterio. Hechos para sustentar la aplicación de la medida, y criterio para reconocer que esto beneficiará al país.

En este momento, más que analizar la acción en sí misma de Pedro Castillo, es importante mirar el trasfondo y preguntarnos ¿Qué quiere hacer con eso? ¿Quién se beneficia? ¿Es necesario? Lo que menos necesita el Perú es un gobernante que sea incapaz de gobernar, que tome decisiones irresponsables para desestabilizar al país, y que no asuma responsabilidades ni sepa aplicar autoridad. Lo que menos necesitamos es que se centre la atención y se pierda tiempo en cuestiones que no son verdaderamente importantes para nuestro desarrollo como sociedad.

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