[OPINIÓN] Quien no conoce su historia…

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… está obligado a repetirla.

La semana pasada caminaba con un amigo por un parque de Jesús María cuando se nos acercaron unas chicas que, en un primer momento, creí que andaban perdidas. Sin embargo, mi indignación llegó a su máxima expresión cuando nos preguntaron por qué en el monumento de la Plaza Cáceres (el lugar por el que preguntaron) se hacía mención a Tarapacá. Mi respuesta inmediata fue mandarla a rodar y remarcarle su tamaña ignorancia ante un hecho de suma importancia para la historia de nuestro país.

Les cuento esta experiencia personal porque luego de este acontecimiento–que casi me genera un infarto–me di cuenta que en menos de un año tendremos que ir a las urnas para elegir un nuevo presidente y parlamento. Mi miedo, luego de escuchar tamaño grado de ignorancia, es que la población electoral entre 18 y 25 años es muy grande en nuestro país y, al parecer, no conoce bien su historia.

La juventud siente un profundo desdén por la política y los acontecimientos nacionales, lo cual tendrá consecuencias negativas para el futuro del país: al no tener un conocimiento claro de los hechos que han marcado la vida del Perú, existe el riesgo que en 2016 contemos con autoridades que busquen menoscabar el futuro de millones, con promesas y acciones que nos llevarán al despeñadero, o simplemente tengamos un Congreso mediocre que, en vez de ser un parlamento, termine siendo el nuevo punto de atención de la farándula.

He visto por medio de la prensa distintos reportajes sobre el grado de ignorancia de jóvenes que no saben quiénes son o qué hicieron Abimael Guzmán, Andrés Avelino Cáceres, Francisco Bolognesi, José Luis Bustamante y Rivero, etc. Esto debe de generar una preocupación generalizada sobre el futuro de la sociedad que se viene formando.

La eliminación del curso de Cívica, así como la reducción de horas y calidad del curso de Historia, han contribuido a la construcción de una sociedad con personas que ignoran completamente sus derechos pero, sobre todo, sus deberes. Una persona que no cuente con una formación en valores, y desconozca las vicisitudes por las que ha pasado su país, incurrirá en el mismo error una y otra vez.

Aquí un ejemplo: lo que viene sucediendo en Arequipa es un claro aviso de que el terrorismo quiere volver (pero recargado) gracias a la ignorancia que existe sobre el proyecto Tía María y el sesgo ideológico con el que opera la educación peruana. La educación en el país está dominada por un sindicato que no vela por el bien de los maestros sino que obedece a una agenda política e ideológica. ¿Qué queremos que pase para decir de una vez que el terrorismo está volviendo? ¿Es necesario que para abril del próximo año se quemen ánforas y cédulas? ¿O peor aún, que un grupo aliado a los Quispe Palomino incendie o lance una granada a algún centro de votación?

El olvido de nuestra historia, así como el abandono de una política que busque la construcción de valores, pondrá al país ya no al borde del abismo, sino que lo lanzará por el precipicio sin paracaídas. Eso es lo que nos estamos jugando para el próximo año: como bien dice el dicho, guerra avisada no mata gente.


Fuente: panoramio.com