¿Quieres ser libre?, por Tatiana Cuadros Basis

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Malas noticias: no se puede. El hecho de vivir en sociedad nos hace regirnos bajo ciertas leyes y normas que regulan nuestro comportamiento y nuestra forma de pensar. Si bajo algún motivo pensamos que podemos ir en contra de estas imposiciones, cruzaremos el límite y nos enfrentaremos a una zona de peligro o de riesgo. Estamos viendo en las noticias muchos casos de corrupción que demuestran que estas personas corruptas cruzaron la línea de la ética, y ahora se enfrentan con la ley.

Lo interesante es que en la búsqueda de la libertad no somos conscientes que terminaremos solos, pues para eso tendríamos que alejarnos de la comunidad, y ello también sucede cuando se termina en prisión. En ambos casos eres consciente de las normas a acatar pero estás fuera de ellas, y en soledad.

Las normas sociales y morales se asimilan en la primera infancia donde los primeros modeladores son nuestros padres, y posteriormente la educación formal. Si los valores más primarios no son bien instaurados, el pensamiento no procesa bien las normas. Más aún si los niños son rebeldes y piensan constantemente en cómo sacarle provecho a desobedecer las órdenes dadas.

Realmente tiene mucho que ver con el tipo de personalidad. Hay personas idealistas que quieren terminar con las normas por un “bien” común, como el socialismo. No obstante, hay otras con un perfil algo patológico que quieren el “bien” solo para ellos.

Como seres humanos hemos evolucionado, pero una de las características más importantes es que vivimos en comunidades porque, por obvias razones, sin los otros no podríamos subsistir. Somos los animales más inútiles al nacer, necesitamos de cuidados y nos es inherente la necesidad de reproducción.

Lo importante es reconocer que nuestros procesos mentales son mucho más complejos y contradictorios que los de los animales. Muchas veces pensamos de una manera pero actuamos de otra completamente distinta. Allí aparece la disonancia cognitiva. Si no hay congruencia en tu pensamiento, acciones o emociones, tu cerebro no puede estar en paz y se acopla a las normas o las desobedece inventando excusas.

Pero, ¿qué es la ética? En ella se cruza la delgada línea que puede ser confundida por personas que, como ya hemos visto, no la han asimilado desde niños. Objetivamente, la ética está dirigida hacia no herir a los demás, aunque vaya en contra de tus propios intereses.

Yo trabajo con varias personas de distinto rango jerárquico y mis servicios siempre van orientados a la confidencialidad, pues es el derecho del consumidor que sea así. Por ejemplo, para generarme mayores oportunidades laborales me preguntan los nombres de los CEOs a quienes les realizo mentoring como referencia y, aunque pudiera convenirme, no se los daré pues estoy cumpliendo con el acuerdo hablado -ni siquiera escrito- que tengo con ellos.

La ética, señores, es la tentación de lo prohibido. Si a alguien le dicen “no puedes hacer esto”, el cerebro inmediatamente pregunta el por qué. Esto se confirma en la parábola de Adán y Eva: todo es muy tentador pero prohibido, y cuando se peca la consecuencia es una vida de penurias. Lo mismo sucede cuando se rompen las reglas sociales… No eres libre ni estás encarcelado, solo eres un ser condicionado.