¿Realmente quiere ganar Carmelo?

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Hay quienes se enfrentan a grandes retos durante su vida, pero para mí, las expectativas son lo más grande a lo que cualquier hombre puede enfrentarse. Es exactamente eso lo que cae sobre los hombros de cada uno de los 60 jóvenes seleccionados año tras año en el draft de la NBA: las expectativas de que entre ellos esté el próximo Michael Jordan, las expectativas de que cada uno de ellos tiene que hacer de su equipo un gran equipo, las expectativas de que ellos son el futuro de la NBA.  Pero la presión es aún más grande si es que el draft en el que fuiste elegido es el del 2003, un draft que vio nacer a LeBron James, Dwayne Wade, Carmelo Anthony, Chris Bosh, David West y muchos más. Cada uno de esos jóvenes tenía una gran ilusión: GANAR. Hoy, 11 años después, los 5 primeros elegidos de aquel talentoso draft ya acumulan 8 campeonatos de NBA. Ninguno de ellos lo ganó Carmelo Anthony.

Hay quienes tienen una obsesión maniática con la victoria desde el primer día. Son quienes se enamoran de ella a pesar que les sea esquiva, que los evite, no los mire a los ojos y pocas veces les dirija alguna palabra. Hay quienes la acarician por un momento y no pueden desprenderse ni un segundo de la idea de hacerla suya. Son esos románticos quienes con esa persistencia que parece sacada de una novela de Shakespeare, logran conquistar a la tan ansiada victoria. Y es que ser campeón es también saber levantarse, saber reinventarse. Saber tomar la mejor decisión para lograr tu objetivo.

“Yo creo que mi objetivo final es ganar un campeonato y entendí que no podía ser el mejor hasta que eso no pasara, ganar un campeonato.” – LeBron James

LeBron, criticado por muchos, tomó quizá la que fue la decisión más difícil de su vida.  Dejó los sentimientos de lado y en rumbó a South Beach, Miami,  en busca de su más grande sueño. 5 años más tarde, se puede seguir criticándolo, pero nadie puede negar que tomó la decisión correcta.

“Si tienes un sueño, ve por él”-Karl Malone

Malone, luego de buscar por años su sueño de niños, decidió abandonar lo que fue alguna vez la mejor dupla de basquetbolistas del mundo junto a John Stockton en Utah, para enrumbarse a Los Ángeles y buscar el tan añorado título junto a Kobe y a Shaq. Si bien es cierto, fue un experimento fallido, era un riesgo que “el cartero” debía tomar.

Hoy, Carmelo Anthony ya llegó a los 30 años y aún no acarició ni de cerca un título de NBA. No parece ser uno de esos románticos enamorados de la victoria, aquellos que dejarían todo por cumplir sus sueños. Hoy no parece estar cerca de ser ese chico que alguna vez coqueteó con el éxito y abandonó los Denver Nuggets en el 2010 por un equipo de renombre e historia ganadora en busca de la gran hazaña.  Hoy parece que Carmelo se enamoró de la persona equivocada. Se enamoró de la vida glamorosa de NY, de los lujos de la ciudad, el trato de celebridad y todo el dinero que un mercado tan grande le puede ofrecer. Al parecer olvidó sus antiguos coqueteos con el amor que todo gran jugador quiere conquistar. Nadie duda del inmenso talento del número 7 de los New York Knicks, pero con un contrato máximo de 120 millones por 5 años, a muchos nos hace pensar que dejó de perseguir su sueño y probablemente, a los 35 años sea demasiado tarde para darse cuenta.

Hoy, 11 años después de ese draft me pregunto, ¿Realmente quiere ganar Carmelo?